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Ser libertario

Updated: Nov 29, 2018

Por Juan Cristóbal Demian


Ser libertario hoy en Chile requiere estar dispuesto a llevar a cabo acción política.

De ser una minoría de aparentes extremistas poco conocidos cuyo nombre ha sido repudiado tanto en la derecha como en el centro y la izquierda (donde además compartimos un no falto de polémica alcance de nombre con los libertarios anarco-comunistas), los libertarios hemos venido a tener una cada vez más relevante presencia tanto en la academia como en las redes sociales, lugar donde se ha venido a desarrollar un potente contra discurso generalizado contra el statu quo respecto del profundo avance del colectivismo/estatismo y la ignorancia y corrupción de gran parte de las élites.





Pero, ¿Quiénes somos y en qué creemos los libertarios? ¿Por qué se nos desprecia tanto desde todos los sectores políticos? ¿Por qué se nos asocia con el extremismo como si fuésemos una especie de trotskistas o talibanes de derecha de los que la misma derecha reniega?


Responderemos a esas tres preguntas para luego responder la que realmente importa, ¿hacia dónde vamos hoy los libertarios en Chile?


1.- Definir quiénes somos ha sido siempre complejo, ya que los libertarios históricamente han sido reacios a actuar colectivamente, principalmente por una de sus más importantes características, el rechazo al colectivismo y la defensa del individualismo. Siendo el individuo nuestro sujeto político atribuimos a él dos principios fundamentales, este individuo es libre de llevar a cabo sus intereses personales de la forma que estime conveniente sin dañar la libertad y la propiedad privada de otros y complementando su individualidad y libertad puede acumular riqueza, la cual, siendo del valor que el sujeto le otorga, constituye su propiedad privada, la cual no debe ser adquirida, nuevamente, dañando la libertad y la propiedad privada de otros. De no dañar ni la libertad ni la propiedad privada de otros se infiere, de forma lógica, que no es admisible atentar contra la vida misma de otros.

A grandes rasgos toda esta base podría sonar tan razonable que poco y nada pareciera decirnos de qué nos diferencia de otros grupos políticos, las cosas que defendemos a todo el mundo pareciera gustarles, sin embargo, como veremos más adelante, en términos prácticos esto no es así, históricamente ha habido y siguen habiendo de sobra quienes creen que la vida humana no es tan valiosa dadas ciertas circunstancias, que la libertad puede suponer un riesgo para el bien común y que la propiedad privada puede ser prescindible o incluso un mal en sí mismo.


Ahora bien, quienes conozcan de la doctrina liberal clásica podrían decir que la etiqueta “liberal” basta para describirnos, sin embargo, y con todo el respeto que le debemos al liberalismo original que es innegablemente nuestro fundamento filosófico, los libertarios hemos comprendido que el liberalismo como tal, enclavado en la biblioteca ha generado tantas variantes que en el mundo liberal se pueden hoy encontrar tantas validaciones encubiertas al socialismo que ha sido necesario replegarse a aquellas ideas que no transan bajo ningún punto de vista con nuestros principios y se hacen cargo de temas que van desde la economía hasta la cultura.


Intelectualmente los libertarios nos nutrimos principalmente de los genios de la Escuela Austríaca de Economía como Ludwig von Mises o Friedrich Hayek, derivados anarcocapitalistas de ella como Murray Rothbard o Hans Hermann Hoppe, y grandes filósofos contemporáneos como Robert Nozick o Karl Popper, sin dejar de lado por cierto el aporte que liberales clásicos monetaristas como Milton Friedman dejaron hacia finales del siglo XX, con todas las diferencias formales que los libertarios pudiéramos tener con dicho legado.


Es por ello que los libertarios en Chile nos inclinamos a defender la obra de los denominados “Chicago Boys” y comprendemos que la Constitución de 1980 es tremendamente compatible con dicha fórmula que permitió el despegue de Chile en materia de riqueza y desarrollo, todo esto sin perjuicio de que hay que ir siempre más allá, no sólo mejorando siempre la expertise en materia de desarrollo, superación de la pobreza, tecnología y ciencias, sino también en la defensa cultural de nuestras ideas, aspecto que la derecha política tradicional abandonó al punto de ni siquiera instruirse en ellas. Mas esta defensa a dicho legado histórico es otra de nuestras características políticamente incorrectas, no sólo por la demonización cultural de los “Chicago Boys” y la Constitución, sino por el contexto en el cual esas ideas fueron incorporadas en Chile, contexto que a nuestra visión no empaña la grandeza de esos logros, pero profundizar en ello se escapa de lo que trata este escrito.


Siendo éste nuestro corpus, los libertarios hemos venido, debido a nuestros propios acentos intelectuales, a adherir al libertarismo con distintos enfoques, los hay anarcocapitalistas (que aspiran a la abolición del Estado), liberales clásicos (puristas del liberalismo con la suficiente consciencia política para entender que es necesaria la acción política), minarquistas (reducción drástica del aparato burocrático gubernamental) y los paleolibertarios (que ponen acento en las condiciones para llegar y conservar un orden libertario, llegando a algunas conclusiones compartidas con el conservadurismo político).

Muchos libertarios pueden transitar por varios de estos subgrupos al mismo tiempo (Rothbard, por ejemplo, era anarcocapitalista y paleolibertario a la vez) dificultando fuertemente nuestra militancia, además, el generalizado rechazo del Estado y la burocracia nos ha alejado de la acción política concreta hasta ahora, pues hoy hay un notable “despertar libertario”, cuyo contexto develaremos más adelante.


2.- Todos los sectores políticos han tenido una tendencia a ignorar a los libertarios, hoy, que hay una mayor fuerza en nuestras ideas, hemos pasado a ser objetivo de desprecio y ataques muy variados.


La izquierda, de cuya lucha por la hegemonía política y cultural hablaremos en el siguiente punto, nos odia ya que representamos sus antípodas ideológicas, su modo de ver la libertad de modo escatológico y materialista, donde el individuo es prácticamente un accidente y la propiedad privada un crimen es para nosotros una aberración completa. Hoy por hoy han sido los jóvenes libertarios los que con mayor ahínco en la derecha han estudiado al enemigo con pelos y señales y están preparando la desarticulación completa de sus redes políticas y culturales, misión que se toman con dedicación y efervescencia, mientras la derecha tradicional y el centro han pasado a ser meros tontos útiles de la izquierda.


En la derecha tenemos a los tradicionalistas/conservadores y la derecha pragmática, los primeros parecen desconfiar de la libertad de los individuos en virtud de una tendencia conservadora de uniformar a las personas para evitar la deserción, ya sea de la patria o de la moral, sin embargo otros de ellos han entendido que los libertarios somos respetuosos de su forma de vida mientras no afecte la de los demás y en base a ello se ha dado el diálogo que hubo entre aquellos denominados paleoconservadores y los libertarios para apoyar la candidatura de José Antonio Kast en 2017.


La derecha pragmática, que se agrupa en el conglomerado Chile Vamos suele vernos como extremistas, al igual que el común de la sociedad, eso porque han dejado de instruirse en términos de sus propios valores, y es que hoy por hoy se los ve bajando la cabeza y aceptando los debates y temas que la izquierda les pone en la mesa, algunas veces esta derecha pierde por paliza y otras veces se une con alegría a los proyectos sovietizantes que la hegemonía comunista-autonomista lidera, véase al ingenuo de Joaquín Lavín embobado con las inmobiliarias populares de Daniel Jadue.

Mas no todo está perdido en ese sentido, los libertarios en Chile tuvieron una avanzada en la Fundación Para el Progreso, donde se concentraban principalmente libertarios de la vertiente liberal clásica, liderados por Axel Kaiser, que hoy en día han logrado posicionar a dos ministros para el actual gabinete del Presidente Piñera.


Fuera de eso, sectores libertarios más enérgicos y políticamente incorrectos empiezan a perfilarse políticamente, ejemplo de ello es la conformación de un referente como Coalición Libertaria, donde empiezan a convivir todas las vertientes del libertarismo ya mencionadas.

Finalmente comentaremos por qué los centristas están empeñados en atacar al movimiento libertario en Chile, de partida los centristas socialdemócratas de todo tipo nos ven como troskistas del libre mercado, eso no nos sorprende y mucho menos nos molesta, lo que sí ha sido llamativo es el ataque histérico por parte del centro liberal (y también la nueva derecha liberal), esto se debe a que nuestro aprendizaje sobre las tretas de la izquierda para lograr sus fines de forma impune nos lleva a una acción política en la cual los libertarios hemos venido a coincidir con los conservadores en materia de deconstrucción de género y con los nacionalistas en materia de inmigración desregulada. Lo que estos liberales se niegan a entender es que esto no se trata de aliarnos con conservadores o nacionalistas por compartir una cosmovisión con ellos, sino porque hemos llegado a enfrentar esos temas de forma similar estudiando de forma lógica y racional como esos temas están ligados a un modus operandi post estructuralista que la izquierda ocupa para obtener la hegemonía cultural y así socializar, sovietizar y finalmente colectivizar, lo que implica todo lo contrario a la libertad que defendemos.


3.- Ya hemos visto a grandes rasgos por qué nos diferenciamos de forma profunda con otros grupos políticos, pero falta añadir a eso una pincelada un poco más profunda de comprensión del contexto filosófico-político global actual para entender por qué se nos está identificando con un extremismo proto-fascista nefasto, lo cual podemos desmentir de forma muy fácil.


Para entender el mundo actual hay que entender que en nuestro actual contexto post estructuralista la izquierda, aunque escindida en distintas corrientes en constante conflicto interno, ha logrado dirigir a nivel hegemónico las ideas culturales en las sociedades occidentales, buscando llegar a la revolución y el comunismo mediante la subversión de todos los valores en la mente misma de los individuos, buscando su auto anulación y transmitir las supuestas bondades de la socialización y la colectivización de una sociedad de masas.

Su apuesta es lograr acabar con el capitalismo mediante un colapso interno provocado por la sub-atomización en pequeños colectivos (soviets) a la sociedad completa, lo cual requiere de una súper-mente (el Estado Popular) que iguale hacia abajo y provea de riqueza e influencia artificial a todos los militantes de estos soviets sociales para darles ex post una incierta libertad, que más bien parece una suerte de libertad en lo no-humano, una libertad en la resolución de todos los problemas, la utopía.


Sin perjuicio de lo desastroso que es este nihilismo inherente a la doctrina neocomunista y su refutación constante, el discurso que elaboran ha trascendido a la “estructura” y hoy son esas concepciones basadas en las políticas interseccionales de identidad y de supuesta justicia social las que priman en la sociedad, en la prensa, entre los políticos de todos los sectores y con ello la supuesta constante de que “el Estado TIENE que intervenir en X asunto” y la imposición de tabúes respecto a lo que se refiere el estudio imparcial de la naturaleza humana, ya que la inclusión y la tolerancia culposa y absoluta de “todo” y la abolición de todos los límites incluso el de la lógica -tal como los posmodernistas nos enseñan- nos impediría juzgar a los demás, ya que el juicio negativo, por ejemplo, de un psicópata vendría a ser complicidad con un sistema que discrimina a los seres humanos por su funcionalidad biológica hacia el capitalismo. Demás está decir que en la práctica los que nos oponemos a esta visión autodestructiva de concebir la sociedad sí somos juzgados y condenados constantemente por estos paladines progresistas, pero eso es otro tema.


En tal contexto que es global y se ha ramificado en los Organismos Internacionales que alguna vez nacieron en el seno del liberalismo y que han dado origen a este globalismo progresista es que se levantaron distintas voces en los últimos años.

El concepto alt-right (derecha alternativa) describe un fenómeno por el cual distintos grupos han empezado a levantarse y buscar una salida frente a ese panorama globalista autodestructivo, y en dicho fenómeno podemos apreciar distintos niveles de densidad intelectual e ideológica, sin embargo solo con el fin de resumir podemos decir que por un lado, especialmente en Latinoamérica o países del este de Europa como Polonia, hay un revival de conservadurismo premoderno, es decir con un una fuerte identificación cristiana que busca defender valores deconstruidos por el post estructuralismo como la vida, la familia y los roles de género, por otro lado los nacionalismos identitarios, con fuerte presencia en Europa y Norteamérica también han sido protagonistas de esto, buscando cerrar las fronteras para preservar la cultura e incluso el genotipo local frente al fenómeno de la inmigración.


Esta ola reaccionaria que se está alzando de forma global ha coincidido con un tercer grupo, los libertarios, y con mucha fuerza dentro de ellos los paleolibertarios, es por esto que este “despertar libertario”, si bien tiene diferencias filosóficas hondísimas con el conservadurismo y el identitarismo, coincide históricamente con este fenómeno alt-right y se nos ha comenzado a emparentar con las olas de neofascismo y populismo de derecha que se están manifestando en el mundo.


Hay que ser sinceros aquí, el remezón que ha implicado este imperio de corrección política e izquierdización y aniquilación de occidente nos golpeó por igual, al mismo tiempo, a libertarios, nacionalistas y conservadores, y como es natural ha habido diálogo entre estos mundos para generar alguna respuesta, si bien eso no implica que tengamos los mismos principios, y es que nacionalistas y conservadores por ser colectivistas en principio y estatistas para sus fines tienen mucho más feedback entre sí que los libertarios, que hemos visto la misma amenaza que ellos pero ajenos al mundo de la fe o de la lealtad a un Estado-Nación como ente metafísico, sino que valiéndonos del estudio de las ciencias sociales y la lógica que sigue a la defensa de nuestro ideario central: individuo, libertad y propiedad.

Pero al establishment y a sus tontos útiles les sirve más el reduccionismo y la caricatura para perfilar a todos los díscolos de sus transformaciones sociales como neofascistas. Un ejemplo claro de cómo esto resulta fácil de hacer es el relato común en Chile de que el libre mercado es una muestra de fascismo, tal decir es un sinsentido teórico absoluto en y por sí mismo, pero el mito respecto a ello ya fue instalado a nivel cultural. Un José Piñera es visto prácticamente como un jerarca nazi, siendo que ha sido uno de los liberales clásicos más importantes de la historia de Chile contemporáneo, la malversación de la historia es un hecho y no es raro ver, por ejemplo, a los mismos conductores de noticias que influyen en nuestros ciudadanos a la hora del almuerzo alentando por un “Chile más justo y progresista” bombardeando la opinión pública con propaganda constante que izquierdiza la opinión de las personas en todos los temas habidos y por haber, y es este discurso progresista el que pareciera ser tan favorable a la libertad como el nuestro, pero en la praxis instala una visión dócil de que el Estado debe hacernos libres.


Ese es el panorama hostil, dado el contexto y la mala intención de nuestros adversarios que enfrentamos hoy los libertarios, ahora pasemos a contestar cuáles son nuestros desafíos.


4.- El camino hoy para los libertarios es atreverse a tomar responsabilidades políticas y culturales, obligarse a superar diferencias conceptuales que suelen venir de lecturas rígidas de la ideología, abrazando más el pragmatismo y comprendiendo que el denominado “orden libertario” al que aspiran no aparece de la nada o sólo mediante la maña individual del ostracismo, bien sabe de esto el mencionado y al parecer poco entendido Hans Hermann Hoppe cuando habla de la necesidad de un “populismo libertario”, esto es algo tan simple y complejo a la vez como aprender a transmitir nuestras ideas al público de forma que esto agrade y contente, esto no implica renunciar a los valores propios o engañar a las personas para eternizarse en el poder, esto lo que implica es entender que la arena política y la democracia de masas es una realidad que no se va porque hundimos la nariz en un libro de Mises y salimos al mundo pensando que todos están equivocados.


Los cambios para acercarnos a ese “orden libertario” se logran mediante instituciones que los validen y en Chile tenemos la ventaja de haber estado lo suficientemente cerca de una sociedad desarrollada como para añadir a nuestra capacidad económica el factor cultural y político que defienda una economía liberal.


Esto requiere asimismo seriedad y estar dispuesto a estudiar y comprender dónde y cómo se esconde la estrategia liberticida disfrazada de libertad y justicia, por ende el ideario político de los libertarios se concentra en tres aspectos:

En primer lugar profundizar el legado económico de los “Chicago Boys” pero con un enfoque hacia las PYMES (independencia laboral), fenómenos como las criptomonedas vs la devaluación del papel moneda y la automatización robótica del trabajo que serán los temas económicos principales del siglo XXI, ahondando en la idea del orden espontáneo de la sociedad y la instrucción de ella en cuanto a generación de riqueza.


En segundo lugar liderar intelectual e ideológicamente el desarrollo tecnológico y científico de Chile, poniendo énfasis en que es el método científico y no la ingeniería social lo que nos ayuda a mejorar nuestras condiciones de vida. En este aspecto el potencial de Chile en materia de aeronáutica y astronomía puede ser por ejemplo una veta de oro aún no explotada con toda su potencialidad y cuyo desarrollo siempre ha tenido que ver con nuestro ideario, libertad y voluntad individual, sumado a meritocracia científica pura y posicionamiento nacional en el concierto mundial.


En tercer lugar -y con urgencia- deshacer a nivel político y cultural todos los lastres del Estado de Bienestar posmodernistamente sovietizado que mantienen a la sociedad en un nivel de odiosidad e infantilización respecto del Estado que sólo pueden traer un eventual desastre en términos de terrorismo, tiranía o empobrecimiento, por separado o el pack completo. Para esto no sólo se vuelve urgente una purga a nivel de legislación y burocracia, sino una lectura intelectivamente completa de cuáles son los códigos culturales que llevan a nuestros propios hijos o amigos a estar dispuestos a tirar por la borda el crecimiento del país, tal como le está pasando a la generación “neoliberal” de la derecha que hoy gobierna, donde al amparo de su propia anorexia cultural se gestó en sus propias familias el gen de la subversión. Eso a los libertarios no nos puede pasar.


Aún a nivel de masas los libertarios somos un grupo reducido, pero basta con mirar a la vereda de enfrente, los autonomistas, aquella vanguardia del comunismo moderno que –siendo pequeña en cantidad de militantes- está heredando del Partido Comunista la agenda hegemónica de la sociedad, los libertarios siendo sólidos, presentes y firmes en la arena intelectual y política debemos marcar la pauta al menos de los gobiernos eventuales de centroderecha sin perjuicio de perder el miedo a disputar el poder por mano propia, y convencer, contra la tiranía de pensamiento contemporánea, que nuestras ideas no son extremas ni descabelladas, sino totalmente racionales, bien pensadas, positivas y profundamente filantrópicas.


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