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La izquierda de la calle: violentos, insurrectos y revolucionarios

Por Nelson Navarro


Encapuchados, antisociales o actos vandálicos. Así los retrata la gente y los medios de comunicación tradicionales. Algunas personas podrán llamarlos “flaites; son solo flaites que aprovechan grandes masas de gente en las manifestaciones pacíficas para tirar piedras, saquear y delinquir, nada tiene que ver con las demandas ciudadanas, pacíficas y transversales”. Seguro es un relato que usted, tanto como yo y la “señora juanita” han escuchado incesantemente en la radio como en la tele. Total, el pasado 18-0 o estallido “social” (antisocial a mi parecer) fue, dicen, un clima de efervescencia apolítica, ciudadana y horizontal. Nada tiene que ver con movimientos políticos, menos con colores ideológicos que pueda abarcar un sinfín de sensibilidades. Pues no, muchos se compraron ese relato y muchos lo siguieron mientras salían a la luz ciertas consignas, identidades y banderas que efectivamente son de colores o de movimientos políticos. Además se desbordaba un actuar poco ciudadano y civilizado; entendiendo tal como saber respetar el orden público, las libertades del otro y la propiedad pública y privada de todos.



Antifas, anarcos y movimientos políticos revolucionarios. Son esos los principales actores que se mostraron en las calles de todo Chile conformando una masa heterogénea articulada y organizada, sin escrúpulos a la hora de acometer sus actos de manera violenta y demostrando que en chile se perdió el respeto por todo y por todos (con tal de alcanzar los objetivos).


Veremos uno por uno qué son y cómo se relacionan al momento de presentarse en la calle que, a pesar de tener ciertas diferencias entre ellos, funcionan juntos de manera mezclada a modo de enjambre. Por supuesto que para el lector habitual de este centro de estudio no será nada muy novedoso, pero mi intención aquí va dirigida al pasante, al curioso o a la persona que recién se adentra en las ideas o corrientes políticas. Al mismo modo que, para los libertarios o lectores de mayor data en estos temas, les servirá para recordar con quienes estamos lidiando y a no perderlos de vista.


ANTIFASCISTAS


Si uno hace una simple búsqueda de internet a nivel de historia política, se encontrará que los antifascistas no son otra cosa que los comunistas de la calle. Movimiento formado en los albores de la Alemania de 1930 para poder combatir de manera directa y violenta a las insurgencias nazis y fascistas que emergían en aquella época, es por esto que dicho movimiento lleva ese nombre: Antifaschistische Aktion. Desde lo cualitativo podemos entenderlo como una agrupación en base a su discurso y su actuar, que busca la lucha contra el fascismo en todas sus formas y el capitalismo (tratando de oponerse a dos enemigos que para ellos, en la práctica, son lo mismo). Este movimiento, terminada la segunda guerra mundial, tendió a desaparecer, no obstante a medida que surgían movimientos skinhead neonazis, los “Antifas” volvieron a reaparecer. Su movimiento ha variado harto en el tiempo y su comportamiento se puede ver reflejado en el activismo callejero o demostraciones de fuerza, lo que se puede traducir en cortes de calle, contramarchas o cualquier acción que someta al escarmiento público de sus opuestos, ya sean otras agrupaciones o individuos; ir donde están los “fascistas” para combatirlos frente a frente violentamente.



Para concretar lo anterior, las agrupaciones Antifas hacen identificación y seguimiento de opositores tanto en redes como en la calle mediante las típicas amenazas y panfletos llamando a boicotear, sabotear o derechamente agredir y violentar cualquier manifestación disidente con la izquierda (por muy pacíficas que sean). Chile no ha sido la excepción y ha tenido casos como la pasada marcha por Jesús, marcha por la ley migratoria y, recientemente, las marchas del rechazo; donde se ha podido ver a estos sujetos dejar caer su violencia incluso contra mujeres y personas de la tercera edad. A tal punto ha llegado este movimiento que en EEUU se le ha considerado como “terrorismo doméstico”.


ANARQUISMO (INSURRECIONAL)


Quizás los más difusos, complicados, enredados o difíciles de entender. Precisamente porque no suelen tener una organización, jerarquía o estructura organizada, por lo cual resulta difícil identificarlos o rastrearlos para las policías. Ya en una columna anterior se referenció a un autor que retrataba muy bien la compleja relación y mimetización que existe entre los mismos anarquistas con grupos de izquierda. Desde sus orígenes vistos como un paria o “un tiro al aire” por los marxistas, lo cierto es que pueden llegar a ser tan peligrosos como una organización criminal.



Para entenderlos un poco, su discurso también se basa en la lucha contra el sistema, pero no entendido como un sistema burgués, capitalista o “fascista”, sino una lucha contra el poder mismo, es decir los símbolos del poder político (ministerios, congreso, juzgados) y económico (bancos, centros comerciales, empresas). Incluso podemos agregar un poder entendido como el progreso civilizatorio y tecnológico (sofisticados medios de transporte, hospitales, plantas de energía o fábricas). Al igual que en la descripción anterior, el anarquismo hace uso de la “acción directa” –donde también se pueden ver mezclados grupos antifas- en el que incurren a la quema y bloqueo de calles, vandalismo, saqueo y destrucción de propiedad pública y privada. Estas prácticas van acompañadas del “black block”, refiriendo a vestimentas negras y rostros cubiertos, lo que les permite lanzar bombas molotov, tirar piedras o destruir y vandalizar de manera conjunta o individual para luego camuflarse entre la multitud sin ser detectados, algo que también se conoce como “morder y desaparecer”, todo esto para, en sus palabras “generar la revuelta y expandir el caos” de un sistema que no pretende ser cambiado o reemplazado, sino destruido. Tal es así que basta recordar algunos rayados alusivos al anarquismo que expresaban “que la revuelta se vuelva eterna”.


Pero ojo que esto no termina aquí, debido a la complejidad de las corrientes anarquistas, éstas presentan tensiones y conflictos internos en donde podemos encontrar posiciones más radicalizadas que otras. Por una parte discursos anarquistas que se relacionan más con la emancipación de las minorías reprimidas por el sistema, y por otra quienes creen que recurrir y combinar viejas doctrinas marxistas y luchas de clases es un sinsentido; que el camino no solo iría de la mano de la “lucha social” y la manifestación, sino mantener ataques constantes a la “maquina social” y no esperar que se genere una protesta para esconderse en la masa para actuar.


Desde 2014 que nuestro país ha venido sufriendo una serie de ataques a lugares que son altamente concurridos (Escuela militar) o a personas determinadas (el ataque a Oscar Landerretche y Luis De Grange). Esta nueva forma de llevar a cabo el anarquismo viene de la Internacional Negra, una Federación Anarquista Informal (FAI) que reunió a varios anarquistas a replantear su términos y conductas, las cuales tienen relación con los casos chilenos descritos y que mencionan en su documento “seamos peligrosos”; así, los ataques no pueden limitarse a infraestructura, sino también a personas específicas y grupos que la ejercen. Documento que recomiendo al lector revisar y poder dimensionar el peligro del que estamos hablando.


De seguro que desde el 18-0 lo que más se ha visto es el actuar clásico del anarquismo encapuchado que tira piedras y molotov, pero ¿Qué le hace pensar que otra célula como la FAI no pueda estar actuando o planeando algo si las calles están tomadas?


AGRUPACIONES O MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS


MIR, FPMR, PC (AP), MIT, UPA, UKAMAU, MESA UNIDAD SOCIAL entre muchos otros. Con diferencias y similitudes pero objetivos comunes, claros y precisos: alcanzar e implementar el socialismo. A diferencia de los Antifas y Anarquistas, estos movimientos tienen un orden y estructura, no suelen ser reaccionarios como los antifas y tampoco buscan actuar solo en la “sombra” del black block, lo que tampoco significa que no hayan tenido dosis de activismo y violencia en su historial. Por mencionar algunos, especialmente el MIR y el FPRM; nacidos en el agitado siglo XX, se les caracteriza por ser movimientos guerrilleros, de lucha armada a la forma paramilitar (tipo FARC), en donde si uno revisa sus respectivas declaraciones de principios encontrará todo un proyecto que busca la lucha de clases al más puro Marxismo-Leninismo, retrotrayendo las viejas ideas que azotaron al siglo XX envuelto en la guerra fría. No obstante han tenido algunos ajustes en su discurso, aunando y sumando nuevos tipos de lucha que vayan de la mano también con la épica de los pueblos originarios o el chavismo (la patria grande), para así superar al capitalismo y a la explotación del hombre por el hombre. Tanto en el MIR como en el FPMR se entiende que impulsarán los medios y formas de lucha que sean necesarios para alcanzar la toma del poder.



Otros grupos revolucionarios como el UPA (Unión Patriótica) y PC (AP) (Partido Comunista Acción Proletaria) son de características partidistas, mientras que el MIT (movimiento internacional de los trabajadores) es un movimiento internacional que busca representar y unir a los trabajadores del mundo socialista. Su discurso no se diferencia mucho con los movimientos revolucionarios (que buscan la acción y toma del poder sin importar los medios), pero dadas sus características de partidos pequeños o en formación, se radicalizan más en su discurso que en su actuar, siendo por ejemplo, el PC (AP) un partido que no buscar ser revisionista, es decir, su intención es ser un partido de ideas comunistas en su sentido más puro y ortodoxo, por lo cual rechaza toda forma democrática institucional de alcanzar el poder que no sea por la vía revolucionaria violenta. Llegan a la gente con marchas en las calles y reuniones típicas de partidos con la ciudadanía. Tanto en sus sitios web como en sus documentaciones se ven alianzas forjadas donde convergen los movimientos revolucionarios anteriormente mencionados y dichos partidos para aunar fuerzas y contribuir ya sea a su comunismo más puro o socialismo en todas sus formas.


Hoy en día a dichos movimientos y agrupaciones se les puede ver más como articuladores, incitadores y agitadores políticos en diversas marchas, tanto antes del 18-O como hasta la fecha. Su llamado siempre va orientado a “aumentar” las luchas, organizar los territorios y otros tantos elementos lingüísticos y discursivos alusivos a cada una de las atingentes demandas del “pueblo”, vistas desde los distintos prismas de cada una de estas agrupaciones. Son el motor coordinador para muchas de las marchas, huelgas y convocatorias.


PLUS: BARRAS BRAVAS


Como si ya no tuviésemos suficiente, ahora hay que agregar un actor que tuvo bastante protagonismo en los últimos días. Teniendo casi listo el grueso de nuestra identificación de quienes están en las calles, había que hacer una leve mención a otro actor: Las Barras Bravas. Es válido preguntarse, ¿Cuáles fueron los hechos y condiciones que llevó a las autoridades de entonces a implementar un plan de “estadio seguro”? ¿Cuál habrá sido la escalada de acontecimientos mediáticos y políticos que llevaron a la discusión de este tema? Son preguntas que prefiero dejar abiertas al lector y que responda con sus conocimientos deportivos.



Todo ello, propio de lo que podríamos llamar “un bajo mundo” de delincuencia, fanatismo e hinchas violentos lo podemos vincular con todo lo anterior. No es extraño encontrar cuentas en las redes de agrupaciones futboleras o barristas que se asocian con el movimiento antifa o de izquierda. Y no solo hablamos de la violencia que tiempo atrás se repetía en los estadios y en los vecindarios donde concurrían los barristas, sino agregar una politización de la violencia hacia las ramas más extrema de la izquierda, dándole así objetivos y fines políticos, llevando la violencia característica de las barras bravas fuera de los estadios y fuera del espectro de los clubes, otorgándole un clásico discurso guerrillero y revolucionario; elevando el conflicto no solo contra carabineros y las instituciones, sino también con la lucha de clases y reivindicaciones populares. Son esos mismos que los medios de comunicación aplaudían y se sorprendían de la unión de barristas e hinchas que se congregaban en plaza Italia para manifestarse juntos y que luego generarían la violencia vandálica en los alrededores de la plaza, sus calles y, como ocurrió también, en los mismos estadios; atacando tanto a fuerzas del orden como a sus propios jugadores, saboteándolo todo, donde la postal más icónica fue la de un padre con su hijo llorando por el insólito escenario.


CONCLUYENDO


Primero que todo, lo que se intentó hacer aquí fue un análisis y descripción que no fue más que una pincelada de una “HIDRA” multifacética, dejándose de lado a muchos otros actores que participaron en el grueso revoltoso y tormentoso de una vorágine que para una persona promedio se trató de un “estallido social ciudadano”.


Lo que podemos rescatar de todo lo anterior es que nos enfrentamos a una revolución molecular disipada como ya fue mencionado en otras columnas y que pasó muy desapercibido.


Por supuesto que la identificación de dichas agrupaciones y movimientos son anteriores al 18-O, están aquí desde mucho antes y han tenido presencia activa en las calles y protestas, solo que ahora con el vaciamiento del orden público convergieron todas juntas, mostrando su peor cara, su actuar sin escrúpulos y arrogándose una lucha abstracta de un contenido discursivo que alude a la clásica palabrería ambigua y sin sentido de “dignidad, derechos, justica”, con muchos otros eufemismos para embellecer su discurso de izquierda radical callejera que es capaz de morder y ladrar a sus propios representantes más democráticos y parlamentarios -como lo ocurrido con Boric, Navarro y Beatriz Sánchez-, si es que se les vuelve a ocurrir la más mínima idea de transar o correrse un poco hacia el centro.


Esta dinámica político social propia de “estar con el pueblo o contra el pueblo” les terminó pasando la cuenta a estos “Robespierres” que en principio eran sus líderes y azuzadores callejeros para luego abrir la caja de pandora jacobina, teniéndonos a todos nosotros, una vez más, contemplando con asombro y decepción el que no se pueda llevar a cabo una simple rendición de prueba de PSU o el contraste irreal de ambiente festivalero dentro de la Quinta Vergara mientras a un par de cuadras afuera se quemaba el resto de Viña del Mar, con ataques a periodistas, automovilistas, dueños de hoteles y locales comerciales, cual película de acción tirando autos desde un segundo piso. Yo me pregunto, ¿Qué quedará para el plebiscito?


Esto y más no es otra cosa que el preámbulo, la antesala de lo que será un marzo “violento y combativo”, “revolucionario e insurrecto” de consignas sin sentido. Donde el lector de nuevo podrá volver a presenciar, ahora de seguro con otro actor principal –el feminismo más radical- la espiral de violencia callejera envuelta bajo el paraguas de los antifas reaccionarios, los anarcos insurrectos y los guerrilleros revolucionarios. Representando lo que son: La izquierda de la calle.

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