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Sobre "La Sociedad del Cansancio" de Byung-Chul Han

Por Rodrigo Norambuena

Hace ya tiempo que sociólogos, sicólogos, cientistas políticos y otros profesionales del área de las ciencias sociales vienen difundiendo las tesis de Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano, nacido el año 1959, que es además uno de los más aclamados pensadores de la izquierda internacional hoy en boga.


Es, en esta línea, que me propongo abordar algunos de los tópicos de su obra La sociedad del cansancio (2010), donde entraña una crítica feroz al sistema capitalista; esto pues, para nuestro autor, el actual sistema se basaría en una “falsa” noción de libertad. Por consiguiente, Byung-Chul Han propondrá la noción de «sociedad de rendimiento», que viene a superar la idea foucaultiana de «sociedad de control»: si para Foucault existen una serie de “dispositivos” que van instaurando pautas de conducta y que, a su vez, se normalizan, para el filósofo surcoreano esta noción quedaría agotada.



Dirá pues que «la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento» (p. 25). Por lo tanto, una sociedad que se “sobreexige” en un marco de excesiva “positividad” es, en realidad, una sociedad que se «autoexplota». Como vemos, el concepto clave de Han es: la autoexplotación. Lo repetirá una y otra vez.


Si alguna vez los ojos estuvieron puestos en una dialéctica de la negatividad (dialéctica negativa), de la mano de teóricos como Theodor Adorno, para el surcoreano las cosas cambian un poco: es el exceso de positividad y autoexigencia, como hemos dicho, lo que genera una serie de consecuencias. Asimismo, el surcoreano se refiere a la proliferación de una serie de enfermedades neuronales que se han ido estableciendo en el seno de la sociedad capitalista, marcada por su impronta productivista, que a su vez no parten desde el exterior, sino que son inmanentes al sistema mismo.


SUPERANDO A FOUCAULT: MÁS ALLÁ DE LA SOCIEDAD DISCIPLINARIA


Si para Foucault la idea de una sociedad disciplinaria consiste en “hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas” (p. 25), para el surcoreano esta nueva sociedad del rendimiento reemplazó tales elementos por “gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos” (ibíd.). En esta línea, Byung-Chul Han criticará las limitaciones en el análisis de Foucault; o, más bien dicho, aggiornará a los nuevos tiempos lo que el francés seguramente hubiera detectado.

Si en los modelos disciplinares propuestos por Foucault lo que se observa es el disciplinamiento[1] a través de los discursos, en este análisis dicha noción se modifica por un rendimiento autoimpuesto.


Esta sociedad del rendimiento se desprende de la negatividad paulatinamente, siguiendo las exigencias del sistema, para evolucionar a un estado de “maximización de producción” que, en resumidas cuentas, lo único que hace es producir “depresivos y fracasados”. En palabras del propio autor:


El cambio de paradigma[2] de una sociedad disciplinaria a una sociedad de rendimiento denota una continuidad en un nivel determinado. Según parece, al inconsciente social le es inherente el afán de maximizar la producción. A partir de cierto punto de productividad, la técnica disciplinaria, es decir, el esquema negativo de prohibición, alcanza de pronto su límite. Con el fin de aumentar la productividad se sustituye el paradigma disciplinario por el de rendimiento, por el esquema positivo del poder hacer (…) El hombre depresivo es aquel animal laborans[3] que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa (pp. 27-30).

En adelante, Byung-Chul Han se pelea claramente con las nociones clásicas de libertad, entendida ésta como “ausencia de coacción arbitraria por parte de fuerzas externas”[4]. En la misma dirección, nuestro autor irá vinculando la idea de que el trabajo ha “totalizado la vida”. Lo deja claro al decir que «la sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre» (p. 45) emite una crítica solapada pero a la vez bastante evidente a los intelectuales liberales Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek, quienes permanentemente aludieron a la idea de una “sociedad libre” en el contexto de sociedades occidentales.


Posteriormente, el filósofo oriental-europeo hablará de una “paradoja”. Y es que, aludiendo a la “dialéctica (hegeliana) del amo y el esclavo” (luego utilizada por el materialismo marxista), Han pareciera contradecirse:


La dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a aquella sociedad en la que todo aquel que sea apto para el ocio es un ser libre, sino más bien a una sociedad de trabajo, en la que el amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. En esta sociedad de obligación[5], cada cual lleva consigo su campo de trabajo. (p. 45)

En otras palabras, lo que aparentemente busca Han, muy en línea con la izquierda internacional es, abandonar la noción de trabajo. Esto lo podemos ver tanto en algunas obras de Carlos Marx (La Ideología Alemana[6]), donde expresa que en una futura sociedad comunista nos sacudiríamos de la noción de trabajo, entendido al menos en su sentido de “división social”, como, también, en algunas obras del neo-frankfurtiano Herbert Marcuse (Eros y Civilización), donde manifiesta que la fuerza del “Eros” (libidinal) bajo el capitalismo se “desvía” hacia el trabajo y que, por lo tanto, la revolución se debe ejercer en el campo de la sexualidad, ya no en la esfera de la superestructura económica -como alguna vez se pensó. Han apunta más o menos en la misma dirección, y aunque epistemológicamente pertenezca a una corriente distinta, en definitiva modifica los medios aunque mantiene el fin: la oposición al sistema capitalista y el cuestionamiento directo al ejercicio laboral entendido como explotación -y con Han como autoexplotación- es un denominador común tanto en las propuestas de Marx, Marcuse como también del filósofo surcoreano.


VIDA CONTEMPLATIVA VERSUS VIDA ACTIVA


Han contrapone el concepto de vida contemplativa al de vida activa. Ofrecerá la visión de Nietzsche, al señalar que una vida contemplativa se trata de una “pedagogía del mirar”, esto es, “debemos aprender a mirar, pensar a hablar y escribir” (El Ocaso de los Ídolos). Es una ilusión creer que mientras más activo se es más libres somos.


Han dará en esta línea una serie de argumentos orientados a rescatar los elementos que constituyen una vida donde la negatividad juega un papel crucial, al invitarnos al detenimiento y a la contemplación. A su vez, el exceso de positividad es duramente criticado. «En el marco de la positivización general del mundo, tanto el ser humano como la sociedad se transforman en una máquina de rendimiento autista». (p. 54)


LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO


Una de las primeras observaciones que hace Byung-Chul Han en este punto es que la actual sociedad de rendimiento imperante se está convirtiendo paulatinamente en una “sociedad de dopaje”. En consecuencia, esto generaría en la población un “estado psíquico” cuya característica central es un sentido de negatividad menor. Este tipo de sociedad centrado en un exceso de positividad y en la autoexplotación lleva invariablemente a estados de cansancio y agotamiento crecientes, expresados en un conjunto de manifestaciones de orden síquico. La pretensión de rendimiento personal para Han ha resultado fatal: “un infarto del alma”.


Su crítica al sistema capitalista no la esconde: “A partir de un determinado nivel de producción, la autoexplotación se vuelve esencialmente más eficaz y de mucho mayor rendimiento que la explotación a cargo de otros, porque viene acompañada de la sensación de libertad” (p. 96). Luego, vuelve a realizar una severa crítica al sistema capitalista y deja de manifiesto el hecho de que en la actualidad hemos perdido las nociones de belleza, fiesta y culto a los dioses. En este sentido, contrapone la idea moderna de fiesta como mero acontecimiento al sentido primigenio de las mismas, que guardaban relación con una cuestión divina. «En el mundo actual se ha perdido todo lo divino y festivo”, para rematar con la idea de que “este mundo de mercancías no es apropiado para ser habitado. Ha perdido toda referencia a lo divino, a lo santo, al misterio, a lo infinito, a lo superior, a lo sublime. También hemos perdido la capacidad de asombrarnos». (pp. 117-118)


COMENTARIO CRÍTICO


Si bien la presente obra del filósofo izquierdista contiene elementos interesantes, podemos identificar otros donde sólo destila la archisabida y poco fundada crítica hacia “el capitalismo”. Su noción de enfermedades neuronales y la relación que guarda con este “exceso de positividad” es digna de considerar, aunque, a modo de crítica, tampoco es posible negar que existe en nuestro espíritu humano una pulsión a salir adelante y superar las dificultades. La biología evolutiva tiene mucho que vislumbrar en este respecto.


A menudo en las cátedras de filosofía y humanidades se da preponderancia excesiva al factor cultural. Con esto no decimos que la cultura no juegue un rol importante, pero si se trata de estudiar al ser humano en su complejidad, no podemos pasar por alto lo que la biología evolutiva, la psicología evolutiva, y las ciencias del comportamiento nos tienen que decir: no todo es condicionamiento cultural.


En rigor, la cantinela anticapitalista es una de esas tantas tácticas repetitivas de la izquierda que han llevado a reflexionar, para refutarla a la luz de la evidencia, a los más excelsos escritores e intelectuales del siglo XIX y XX. Sólo por mencionar a algunos: Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, William James Sidis, Jorge Luis Borges, Miguel de Unamuno, Pétros Márkaris, Friedrich Hayek, Ludwig Von Mises, Jean François Revel, Thomas Sowell y al menos otro centenar de pensadores que abandonaron esta retórica anticapitalista tan presente en el filósofo surcoreano. Tanto es así, que antes de morir, el francés Michel Foucault tuvo un acercamiento a Hayek, que incluso recomendó leer.


CONCLUSIÓN


Para Byung-Chul Han atravesamos tiempos marcados por una dialéctica de la positividad, que a su vez repercute en una serie de ámbitos. Esta dialéctica de la positividad se enmarca en un contexto posterior a la sociedad disciplinar (Foucault), es decir, sociedades aún basadas en una impronta de negativismo y prohibición. Por el contrario, vivimos en una “sociedad del rendimiento” a partir de la cual los sujetos se “autoexplotan” a sí mismos, y donde además se hace casi imposible que tomen “conciencia” de su situación, pues la “ilusión” de libertad que propiciaría el vilipendiado sistema incentiva ficciones (indica el pensador izquierdista) como la “autorrealización”.


En resumidas cuentas, el ataque del filósofo surcoreano al concepto clásico de libertad y el capitalismo, es otro intento vil que la izquierda académica mundial viene difundiendo. No por nada se ha transformado en materia obligada de estudio en buena parte de las facultades de ciencias sociales en Occidente. Más vale hacer un seguimiento de estas corrientes y ejercer una crítica honesta pero a la vez directa. Y es que, finalmente, como dijera Jefferson: “el precio de la libertad, es la eterna vigilancia”.


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Referencia principal: HAN, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder, 2016. Notas:

[1] FOUCAULT, Michel. El orden del discurso. Barcelona: Tusquets, 2018, pp. 5-30.


[2] Es decir, de una sociedad que fundamentalmente sufre los embates coactivos de ciertas pautas y dispositivos, esto es, del control y la prohibición (Foucault), a una sociedad de rendimiento fundada en la auto exigencia y auto explotación de nosotros mismos, (esquema propuesto por Byung-Chul Han).


[3] Por animal laborans nuestro autor entiende a aquel sujeto que sólo dedica su vida a la vida laboral, despojado de lo bello, lo sublime y lo digno de ser vivido.


[4] La noción más aceptada por la filosofía política del siglo XX es la que ofrece el historiador de las ideas de Oxford Isaiah Berlin (quien sigue las nociones clásicas de otros pensadores previos como Alexis de Tocqueville, Lord Acton o John Locke), quien distingue dos tipos de libertades, a saber: una de carácter negativa y otra positiva. Véase en este sentido (1988), Cuatro ensayos sobre la libertad, Madrid: Alianza.


[5] He aquí la contradicción, pues, ¿no era que vivíamos en una sociedad donde prevalece la libertad, pero al mismo tiempo habla de una suerte de “autoexplotación”? Es decir, primero se plantea un escenario de desregulación de la vida tanto económica y social (libertad), y luego habla de una “sociedad de obligación” (p. 45).


[6] «En la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.» [cursivas propias] Tomo I-I-A (1845-47).

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