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Por un Chile para nosotros


Por Nicolás Palma


Si hay algo que ha resurgido tras la explosión delictual de octubre es lo lejano y diferente que me siento de muchos de mis otrora compatriotas. Quiero pensar que existe una mayoría de chilenos que están cansados del asedio ideológico y físico que reciben quienes no están de acuerdo con las hordas “despiertas” y su forma de ver las cosas, que es todo destrucción y nada de construcción. No son más que una masa quejumbrosa que no tiene nada más que ofrecer que funas e indignación permanente. No entiendo cómo pueden vivir así, con una negatividad tóxica y con una utopía que ni ellos mismos son capaces de describir. Y no entiendo cómo los demás pueden tolerarlos.


He empezado a juntarme con quienes comparten mi desdén por la masa, poco a poco los he ido encontrando. Se trata de emprendedores atacados, gente agredida con sus datos expuestos por internet por opinar diferente, o simplemente por ser hombres o mujeres que no quieren aceptar los dogmas irrenunciables que han traído “los nuevos tiempos”. Y entonces, además de ver que no estaba solo, he visto que no necesito nada más que ellos.

No voy a pretender más que exista algo que me una al sector progresista de este país. No quiero vivir con gente que me desprecia por lo que soy, ni quiero tener que mantenerlos viviendo de mis impuestos para que hagan producción tras producción cultural sobre lo mucho que odian el mundo, como odian Chile, las fiestas patrias, al “sistema opresivo”, a los heteros, a los hombres, a mí, y todas las demás cosas que odian, al mismo tiempo que me acusan a mí por promover el odio. Por no querer ser como ellos.


Me retiro de esta cultura popular que es enemiga de todo lo que quiero. Que está empeñada en “deconstruir” y borrar todo lo que le da sentido a la existencia. No quiero saber más de las Mon Laferte, de los Kramer, de las Valdebenito, de los Bombo Fica, de los Gianluca, de perros matapacos, de medios como CNN, El Mostrador o Mega que ensalzan al delincuente y califican de “protestas pacíficas” a manifestaciones con barricadas y saqueos. No quiero escuchar más periodistas dar lecciones progresistas de moral. No quiero escuchar más a las Rincón, a las Sánchez, a los Matamala. Todos, en conjunto, han construido una cultura que busca destruir todo lo que quiero.


El camino largo para salir de esto es partir de cero. Construir hegemonía. Tener nuestros propios medios, nuestros propios artistas, nuestros propios humoristas, canales, colegios, ilustradores, actividades. Si la cultura es lo que se cultiva, entonces debemos cultivar nuestra verdad. Dicen que lo único que tienen que hacer los buenos para que el mal triunfe es no hacer nada. Tenemos que dejar de escuchar a artistas de Izquierda “porque suenan bien aunque sean de Izquierdas”, basta de ser ingenuos, ellos no están jugando. A todos ellos hay que renegarlos, denunciarlos, botarles abajo sus videos de Youtube. Tenemos que atacar a El Mostrador, a CNN. Denunciar el sesgo de Mónica Rincón. Denunciar lo aburridos que son los “chistes” de izquierda como la repetida referencia a los cuicos y sus primas.


Tenemos que despertar. Darnos cuenta lo que es construir realmente un país en el que podamos sentirnos a gusto. Entonces podremos tener un Chile para nosotros. Hasta entonces, no me siento parte de lo que se cultiva en Chile hoy, y no voy a ser parte.

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