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Nacionalizar las AFP: la tentación del populismo

Por Exequiel Cáceres


Hace unos días se votó la propuesta de un grupo de parlamentarios liderados por Alejandro Navarro de nacionalizar las AFPs y el sistema de pensiones chileno. A pesar de que la propuesta fue rechazada (aunque por un margen mínimo), esta idea naturalmente es más atractiva en los tiempos convulsionados que vive nuestro país producto de una crisis que comenzó en Octubre y que se vio agravada por la pandemia del COVID-19. Por lo mismo, resulta necesario una vez más desmentir proyectos viejos y fracasados que podrían dañar gravemente el rumbo de Chile.


Más allá de los detalles técnicos, el sistema que proponen es esencialmente el de reparto, que el movimiento No + AFP ha estado impulsando desde hace años. En este sistema, cada trabajador paga una parte de su salario (en forma de cotización o impuesto) y con dichos ingresos el Estado financia las pensiones de los jubilados actuales. El problema esencial de dicho sistema es que nadie es dueño realmente de sus ahorros. De hecho, el ahorro como tal no existe y no hay garantías de que la pensión a recibir tenga relación con lo que se aportó.


Esto no son supersticiones, son casos reales. Basta mirar al otro lado de la cordillera. a Argentina, donde Cristina Kirchner el 2008 expropió los ahorros de millones de argentinos, traspasándolos a un Estado que por años sería escenario de rampante corrupción. En mayor o menor medida, incluso los países europeos de altos ingresos cargan con una deuda insostenible producto de mantener este sistema. España, por ejemplo, deberá recortar las pensiones dado que el Estado no las puede financiar como antes mientras deba contener el coronavirus.


Definitivamente José Piñera no es el comunicador más simpático, pero es necesario reiterar que el sistema de capitalización individual es uno de los más exitosos en el mundo, por una simple razón: los pensionados reciben más de lo que ahorran. Cada trabajador deposita mensualmente una cantidad de su sueldo que una AFP, supervisada por la superintendencia de pensiones, invierte, generando ganancias que se reparten entre la comisión de las administradoras y las cuentas de los cotizantes. En promedio, la rentabilidad (lo que se ganó durante todas las cotizaciones) es del 70%. Es decir, usted ahorró 3 pesos y recibió 10. ¿Parece un muy buen negocio no? Bueno, así es como funciona nuestro sistema.


Evidentemente aún hay muchas cosas que resolver. Las pensiones que reciben los jubilados son bajas, pero el problema no son las AFPs, si no esencialmente el mercado laboral, las lagunas y el cambio demográfico. Desafíos tales como adaptarse a una población que envejece más (subiendo el % de cotización y/o la edad de jubilación) y fortalecer el mercado laboral para evitar lagunas deben ser afrontados con seriedad para mejorar de manera efectiva y sostenible las pensiones de todos los chilenos.


Todo esto debemos hacerlo para solucionar el problema de raíz. Pero aún con todas las deficiencias mencionadas, nuestro sistema de ahorro individual es superior al de reparto si se trata de dar las mejores pensiones posibles, sin que estas sean pan para hoy y hambre para mañana.

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