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La tiranía de las falsas mayorías: las funas a José Antonio Kast

Updated: Jul 2, 2018

Por Daniela Carrasco Varas


“La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien a nuestra propia manera, en tanto que no intentemos privar de sus bienes a otros, o frenar sus esfuerzos para obtenerla. Cada cual es el mejor guardián de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La especie humana ganará más en dejar a cada uno que viva como le guste más, que en obligarle a vivir como guste al resto de sus semejantes.”


-J.S.Mill, Sobre la Libertad


Lo acontecido durante el día 21 de marzo de 2018 en la Universidad Arturo Prat de Iquique (UNAP) es inaceptable e indefendible. El ex candidato presidencial y ex diputado José Antonio Kast fue invitado por un grupo de alumnos de esta institución a un conversatorio titulado "Jóvenes: Servicio público y participación ciudadana" programado a las 15:00 horas, sin embargo, este conversatorio no pudo llevarse a cabo. Kast al ingresar a la institución fue recibido con gritos, pancartas, golpes, además fue mojado con agua y lo intentaron ahogar a él y a sus colaboradores. Todo esto con el fin de hacer una funa a la actividad que nació desde la inquietud de diálogo y debate de un grupo de estudiantes de esta casa de estudios. Esto se suma además, a la cancelación de la charla que iba a dar en la Universidad de Concepción, invitado por “Construye UdeC”. Esto asombra dado que los contestarios son adherentes al Partido Comunista y al Frente Amplio, quienes en sus consignas están la tolerancia, el respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión. O eso quieren hacernos creer.


El registro audiovisual que se hizo viral en las redes sociales causó un gran impacto mediático. Instituciones de las más diversas dieron sus comunicados de prensa condenando este actuar de estudiantes, que son los futuros profesionales que buscarán aportar al desarrollo del país. En la declaración pública de la Universidad Arturo Prat de Iquique afirman que son una “Universidad Estatal, pública, laica y pluralista”, así debería ser ya que deberían ser fieles al lema de la universidad “La única manera de que el pueblo alcance su libertad es con educación”. Sin embargo, vemos que tanto académicos de la UNAP como estudiantes de la misma no siguen esta línea. En primer lugar, sorprende las declaraciones de la Asociación de Funcionarios Académicos de la UNAP, pues expresó que la visita de J. A. Kast “no es deseada” y declaran que “como Asociación de Académicos UNAP no permanecemos indiferentes frente a esta provocación de quien sabía que recibiría esta respuesta”. Pero lo que no sorprende es que entre los manifestantes, los estudiantes (y otros externos de la universidad) sean miembros activos de la izquierda. Entre los rostros protagonistas de la violencia estaban Felipe Pardo Tapia, quien se encuentra haciendo su tesis en psicología de la UNAP, presidente de la FEUNAP, y miembro activo del Frente Amplio, y Mauro Zarricueta Rojas alumno de sociología de la UNAP. Son estos quienes gritan como consigna “Al fascismo no se le discute, se le destruye”. Los mismos que sus luchas de banderas eran hace un tiempo la libertad de expresión, o sólo apelando a la Libertad.

Si bien antes la Libertad se comprendía como “la protección de la tiranía de los gobernantes políticos” (Mill, 1859, p. 19), los ciudadanos en la era contemporánea no sólo reclaman que este principio esté presente, si no también que existan ciertos respaldos donde los ciudadanos se sientan protegidos en el caso que los derechos fundamentales (donde encontramos la Libertad de Expresión) sean ignorados o violados. John Stuart Mill en su libro “On Liberty”, traducido al español como “Sobre la Libertad”, nos habla sobre cuáles son los límites de Libertad en la sociedad civil. Podemos tener como garantía a nuestra Libertad los derechos fundamentales en la Constitución de cada país, donde gracias al impulso que trajo la Revolución Francesa, más la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se entiende como fundamental (en las democracias liberales) promover las distintas Libertades fundamentales que comprenden al ser humano: Libertad de credo, de información, de asociación, de prensa, y de expresión. Sin embargo, en el siglo XXI nos encontramos con una limitante a la Libertad, porque se ve coartada, coaccionada e incluso censurada, lo que J. S. Mill denomina la Tiranía de la Mayoría.

La Tiranía de la Mayoría es más peligrosa para una democracia que el despotismo, pues significa una colectividad mediocre, donde se imponen las costumbres de la muchedumbre y puede empobrecer e incluso impedir el desarrollo de un pueblo y de sus individuos. (Aguilera, 2010, p. 37) Esto se convierte en un problema cuando las ideas de la minoría fueran silenciadas, donde además éstas estuvieran en sintonía con la verdad, y más aún cuando éstas están relacionadas con el avance de la civilización. (Múgica, 1999, p. 67) Es por esto que J. S. Mill concibe a la Tiranía de la Mayoría como “uno de esos males contra los que la sociedad debe mantenerse en guardia”. (Mill, 1859, p. 22) Para entender la postura de J. S. Mill, es necesario comprender su teoría política y moral: el Utilitarismo, donde cada individuo se encuentra en búsqueda de la Libertad, y como consecuencia de ella la felicidad, la Libertad de Opinión debe ser en torno a la búsqueda de la verdad. (Bisbal, 2006, p. 01)


El Utilitarismo, doctrina de la que J. S. Mill es exponente, como concepto fue utilizado por primera vez ya en 1780, por Jeremy Bentham, quien fue maestro de J.S. Mill. También se rastrea que el concepto fue utilizado por David Hume en la Teoría de las Motivaciones de las Acciones Humanas en la economía política. También se encuentra el término utilitarismo en las interpretaciones hedonistas y neoepicúrea de la felicidad de algunos franceses materialistas. (Colomer, 1987, p. 16)

La teoría de J. S. Mill

El ser humano actúa en base a complacer su propio interés, sea éste inmediato o se manifieste en un tiempo posterior determinado. Resulta muy extraño que un individuo busque provocar su propio sufrimiento, porque en algún grado ese sufrimiento le otorga un nivel satisfacción personal. Sin embargo sea cual sea el caso, el individuo actúa bajo su propia Libertad. El Utilitarismo, es una Teoría de Elección Racional, que busca la felicidad y el placer, a favor del “egoísmo inteligente”, y promueve las relaciones humanas que atribuyan beneficio para las partes involucradas. (Colomer, 1987, p. 09)


Para Josep Colomer, el Utilitarismo se compone de dos supuestos. El primero es el “individualismo metodológico”, que es tener privilegio por la autopreferencia sobre qué es lo mejor para cada uno según sus intereses, deseos, donde todos los individuos poseen la misma dignidad. El segundo supuesto es aquel que determina que los individuos tienen la capacidad racional para ordenar sus preferencias, establecer sus objetivos, y decidir qué medios utilizará para lograrlo. (Colomer, 1987, p. 10) Para Mill, si bien los seres humanos tenemos capacidad de ser libres, la Libertad no es algo dado o algo absoluto, tal como lo concibe Kant, es algo que debe ganarse y construirse. Para lograr esta Libertad es de importancia que el individuo tenga la potencialidad de expresarse. Su opinión y acción no deben afectar a terceras personas. (Silva et al, 2007) Para llegar a un estado de Libertad, buscar la verdad y defenderla ante la sociedad es una forma de lograrlo.


Cuando un individuo razona, posiciona y ordena cuáles son los elementos que encabezan su lista de preferencias, y de qué manera se van a lograr, para que esto se logre debe existir Libertad de pensamiento, que es inherente a todo individuo. (Mill, 1859, p. 31) La Libertad de pensamiento es aquella facultad humana que nos ha ayudado a progresar en el tiempo, es donde el raciocinio surge, lo que está detrás de cada avance tecnológico, científico y filosófico. Para que el desarrollo de las sociedades pudiese fructíferar, los debates no escasearon, muchas veces se discutió en épocas atrasadas ideas iluminadas de algunos vanguardistas a aquellos momentos. Esto fue gracias a la Libertad de Expresión, o en buscar defenderla. En ocasiones en la historia se ha presenciado cómo ésta es censurada de la Opinión Pública, por varias razones. Cuando una opinión es suprimida se está eliminando una verdad (si fuese una opinión verídica), es decir se elimina una posibilidad de avanzar al progreso. ¿Qué moral tiene el Gobierno o la autoridad pertinente para suprimirla? Mill recalca que la autoridad al ejercer esta censura, no deja a los demás individuos la capacidad de juzgar por sí mismos la afirmación suprimida. Por esto dice: “No dejar conocer una opinión, porque se está seguro de su falsedad, es como afirmar que la propia certeza es la certeza absoluta. Siempre que se ahoga una discusión se afirma, por lo mismo, la propia infalibilidad: la condenación de este procedimiento puede reposar sobre este argumento común, no el peor por ser común.” (Mill, 1859, p. 34) Es un hecho que el individuo puede llegar a estar reacio a aceptar que una opinión propia es falsa o tiene un error, por lo que su opinión de un hecho, tomado como “la verdad” suele ser así misma como la verdad para su “mundo”, entendido como su clase social, los adherentes a una escuela de pensamiento, su familia, sus amigos, o un partido político. Incluso el “mundo” puede ser visto como a los de su siglo, por esto entendemos porqué en distintas épocas, los iluminados eran perseguidos, censurados y hasta asesinados. Sin embargo sus ideas al ser verdaderas, volvían a aparecer en otras épocas hasta que “el mundo” estuviese de cierta manera alineado y preparado para aceptar y/o conocer la opinión, la verdad censurada.[1]


La ventaja que posee la verdad consiste en que, cuando una opinión es verdadera, aunque haya sido rechazada múltiples veces, reaparece siempre en el curso de los siglos, hasta que una de sus reapariciones cae en un siglo o en una época en que, por circunstancias favorables, escapa a la persecución, al menos durante el tiempo preciso para adquirir la fuerza de poderla resistir más tarde. (Mill, 1859, p. 44)

Las opiniones censuradas pueden generar que en el “mundo”, póngase como ejemplo un país en un período de tiempo en específico, por miedo a la censura, los individuos no opinen lo que piensan. Mill señala que esto es un problema porque el individuo dejará de actuar según sus intereses, dejando de lado su propia Libertad a la satisfacción de realizarse como tal. Por esto es deber de los Gobiernos y también de los individuos buscar aquellos pensamientos que más se ajusten a la verdad. Pero hay que tener cuidado en no caer en falsas verdades, que en el pasado han llevado a abusos, como la creación de impuestos injustos, o a la justificación de guerras. (Mill, 1859, p. 35)


Para que no se repitan estas heridas de la historia, el debate, la sana discusión y conocer la opinión del oponente es relevante porque quizás puede ser verdadera, en su todo o en parte. Si la contraparte fuese falsa, será un ejercicio que eleve las mentes de los individuos. Como se mencionó, la Libertad debe ganarse, por lo que es de importancia que el individuo tenga la potencialidad de expresarse. Para esto su opinión y acción no deben afectar a terceras personas. (Silva et al, 2007) De esta única manera se puede derrocar la Tiranía de la Mayoría. Al no hacer el ejercicio de pensar ante dos ideas enfrentadas, no sólo se renuncia a las propias capacidades intelectuales, si no se colabora en el estancamiento humano. (Colomer, 1987, p. 59) Por esto:


“La libertad completa de contradecir y desaprobar nuestra opinión es la única condición que nos permite admitir lo que tenga de verdad en relación a fines prácticos; y un ser humano no conseguirá de ningún otro modo la seguridad racional de estar en lo cierto. Cuando consideramos la historia de las ideas, o bien la conducta ordinaria de la vida humana, ¿a qué atribuiremos que una y otra no sean peores de lo que son? No será ciertamente a la fuerza inherente a la inteligencia humana, pues sólo una persona entre ciento podrá juzgar cualquier asunto que no sea evidente por sí mismo. Y aun la capacidad de juicio de esta persona no será más que relativa; ya que la mayoría de los hombres eminentes de cada generación pasada han sostenido multitud de opiniones que hoy se consideran falsas, o han hecho o probado otras muchas que nadie justificaría hoy.” (Mill, p. 36)

La Tiranía de la Mayoría, es un término que se remonta a Alexis de Tocqueville, quien en su viaje a la joven Norteamérica, ve las bondades pero también los peligros de la democracia, donde la mayoría puede imponerse a través de leyes, aplicando a los demás su forma de vida y pensamiento. Esto resulta tiránico al ser impuesto como “pensamiento único”, pues no existe contraparte de discusión. (Delibes, 2015) La Tiranía de la Mayoría también se refleja en aquellos que por conseguir más votos, mejor valoración en la Opinión Pública, un puesto en el Gobierno, y por lo tanto más poder político e incluso económico, utilizan cualquier medio para conseguirlo. Un ejemplo de ello es la compra de dádivas, el regalo de ellas, otorgar subsidios, o conseguir plazas en el sector público sin concurso o un procedimiento determinado. (Pavón, 2014) Además muchas veces se instala una mayoría como si fuese casi la totalidad de la población, y hemos presenciado en distintas elecciones (que suele existir un sistema electoral bipartidista) resultados sumamente estrechos.


Fairclough (2009) señala que Williams (1981) concibe su Teoría de la Cultura como “sistema de significados” que es donde se articulan representaciones, valores e identidades. Enfoca un análisis dialéctico entre el “sistema de significados y otros sistemas analíticamente separables” (Sistemas económicos, sistemas políticos, sistema de familia, etc.). (Fairclough, 2009, p. 04) para Williams, la cultura existe gracias a la lengua, la cual es considerada discurso, y ésta como ideología. Por lo que un “giro cultural” o un “giro lingüístico” son cambios en la vida social. La cultura y el discurso se han impuesto como predominantes en el consumo y en la producción económica. Otro antecedente que relata Fairclough, es que la transformación económica ha cambiado cómo los individuos se articulan ante la sociedad. Si antes existió un apego de una clase social a los Gobiernos, o una fuerte identificación con un partido político en específico, hoy ha desaparecido. Los individuos se comportan como tal, y no como integrantes de un colectivo, que es lo que denomina como la “formación y la transformación de las identidades y los valores”. (Fairclough, 2009, p. 06) Solo por mencionar y sin querer entrar en debate, la imposición las ideologías de las minorías en la agenda política, como las feministas, los LGTB, los grupos antirracistas e incluso minorías religiosas en occidente, han pasado a llevar a las reales necesidades de la mayoría. Ésta se queda en silencio, ignora sus necesidades, y adopta como propio el discurso de estas minorías, de esta manera instaurándose una Tiranía de la Mayoría. Para Mill como para Tocqueville es algo sumamente peligroso, pues se deja lo más preciado del ser humano que es el razonamiento individual que es lo que lleva a sentirse pleno, en Libertad. Sin embargo ¿cómo se soluciona este conflicto?


El Estado regula las acciones y la Libertad de los individuos en el ámbito público, sin embargo si nuestras acciones en el aspecto privado tienen efectos negativos para terceras personas el Estado sí tiene coacción. El ejemplo sería, un individuo que guste de consumir drogas, podría reclamar que no hace daño a nadie, que incluso ese individuo siente satisfacción al consumirlas. Ahí existiría un conflicto hasta qué punto el Estado llega a involucrarse en la vida privada de cada uno. Sin embargo si ese mismo sujeto está a cargo de sus hijos, los organismos del Estado no entrarían en duda que por afectar la seguridad de terceros (los hijos, además se suponen menores de edad), puede intervenir. Entonces se entiende que un individuo naturalmente persigue sus intereses, donde además beneficia a los otros, a la sociedad. Un ejemplo puede ser que un joven esté interesado en el aprendizaje de la medicina, si éste persigue cumplir a toda cabalidad su objetivo, no sólo se complace a sí mismo al saber lo que le apasiona, si no también enriquece a la sociedad con su aporte científico contribuyendo a descubrimientos y avances. Es relevante según la teoría utilitarista tener claro nuestras preferencias, y saber cuáles priorizamos para la búsqueda de nuestra felicidad. Pero obviar las propias necesidades de cada uno, por externalidad provoca una sociedad dormida. ¿Dónde queda la satisfacción que busca maximizar el placer y tener un mínimo del dolor o sufrimiento? Si uno se posterga (sus necesidades, hasta sus pensamientos, dejados de lado debido a esta Tiranía de la Mayoría) la felicidad de cada uno se verá cada vez más lejana. El concepto de “felicidad” es un concepto complejo que se nutre de distintas doctrinas, pero se puede llegar al consenso de que “no hay felicidad sin libertad; no hay felicidad sin bienestar; no hay felicidad sin la procura de la dignidad; no hay felicidad sin solidaridad; no hay felicidad sin ilustración; no hay felicidad sin autonomía.” (Briceño, 2014, p.125)

Mill, reconoce la importancia de la Libertad de Opinión y de Expresión por cuatro motivos:


“Primero, aunque una opinión sea reducida al silencio, puede muy bien ser verdadera; negarlo equivaldría a afirmar nuestra propia infalibilidad. En segundo lugar, aun cuando la opinión reducida al silencio fuera un error, puede contener, lo que sucede la mayor parte de las veces, una porción de verdad; y puesto que la opinión general o dominante sobre cualquier asunto raramente o nunca es toda la verdad, no hay otra oportunidad de conocerla por completo más que por medio de la colisión de opiniones adversas. En tercer lugar, incluso en el caso en que la opinión recibida de otras generaciones contuviera la verdad y toda la verdad, si no puede ser discutida vigorosa y lealmente, se la profesará como una especie de prejuicio, sin comprender o sentir sus fundamentos racionales. Y no sólo esto, sino que, en cuarto lugar, el sentido mismo de la doctrina estará en peligro de perderse, o de debilitarse, o de ser privado de su efecto vital sobre el carácter y la conducta; ya que el dogma llegará a ser una simple fórmula, ineficaz para el bien, que llenará de obstáculos el terreno e impedirá el nacimiento de toda convicción verdadera, fundada en la razón o en la experiencia personal.” (Mill, 1859, p. 66)


Para contrarrestar la presión de la Tiranía de la Mayoría, Mill señala que se requiere de individuos de gran carácter, que sean “capaces de hacer prevalecer su derecho a expresar libremente sus opiniones por encima de la presión social a la autocensura y la masificación.” (Silva et al, 2007) Sin embargo, el aspecto más difícil es la “ética de la argumentación”, ya que posee recursos retóricos por parte de los oradores, los que apelan por los instintos, pasiones y preferencias en vez de hacerlo a la capacidad racional de los individuos. De esta manera transforman un argumento irreal en verdad y realidad. “De esta manera, el debate no sería más que un montaje o simulacro desprovisto de toda eficacia real en cuanto sería incapaz de influir en la constitución misma de la realidad social.” (Silva et al, 2007) La Ética de la Argumentación se entiende por tres elementos. Primero es “radicalmente contra mayoritaria”. Segundo, que hay principios mínimos formales para tener un debate aceptable. Tercero, existe una diferencia entre las opiniones respaldada en preferencias, y en los argumentos dados en razones. (Silva et al, 2007) Este último punto hace referencia a que aquellas opiniones que se basan en preferencias individuales o de algún grupo fundada en prejuicios (religiosos, políticos, raciales, culturales) son inválidas.


Para prevenir esto, Mill reflexiona que si bien no quiere dejar en segundo lugar las preferencias personales de cada persona, debe existir una educación mínima general, que entregue para todos las mínimas herramientas. Sin embargo el Estado no puede encargarse de otorgar este bien, pues sirve para moldear y favorecer a quien lo administre, ya sea una Monarquía, una Teocracia, o la Tiranía de la Mayoría. Es por esto que los padres, además de tener alimentación y un techo a sus hijos, también deberían ser capaces de brindarle educación. (Mill, 1859, p. 117) Dado esto el Gobierno también se tiene que restringir el aumento de su intervención, es decir no hay que permitir que el Estado crezca. (Mill, 1859, p. 121) Esto se comprende dado que si el Estado tiene más atribuciones, ya sea que esté a cargo por ejemplo de todos los hospitales, las universidades, de la creación de automóviles, ONGs, sólo por dar algunos ejemplos, la Libertad no la podríamos concebir como tal, y ni siquiera la Constitución podría garantizarnos los derechos fundamentales que hoy conocemos y debemos como herencia a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano tras la Revolución Francesa o la Declaración de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial. Para Mill, existe una violación de la Libertad cuando el Estado hará algo que funciona mejor cuando son los individuos quienes están a cargo. (Mill, 1859, p. 120) Por lo que la intervención del Estado no es deseable desde ningún punto de vista a menos que sea una sociedad tremendamente atrasada y empobrecida, sin herramientas para surgir.

Menos es deseable cuando el Estado impone conceptos que suelen ser incongruentes con la sociedad. Hasta dónde se va a llegar, no sólo es imponer una cosmovisión, si no que lo hace bajo una dictadura de lo políticamente correcto.

La tiranía

Casos concretos vemos en cómo redes sociales censuran pensamientos o comentarios que no van en la línea de lo que proclama la Tiranía de la Mayoría. Primero hay que aclarar que redes sociales se puede entender que son algo privado, en el sentido que las personas publican y comentan desde la privacidad de sus hogares, sin embargo el espacio es público. ¿Pero dónde se establece los límites? Si bien cada red social tiene sus configuraciones de privacidad diferente, pareciese que la Internet es difícil de regular en estos aspectos. Pero aunque parezca una tarea difícil, ya vemos boicoteo de páginas, blogs, incluso hasta personas no públicas. Es claro que el límite no es claro y no existe un consenso entre los usuarios. Por otro lado existe una doble moralidad de estas plataformas virtuales, donde según políticas de cada red social, no debe incitarse ni al odio, ni mostrar imágenes que alteren o afecten la sensibilidad de las personas. Entonces grupos feministas publican imágenes de carácter contestatario simulando un aborto, o una mujer desangrándose por la menstruación,

entregándolo como arte; pero se publica una imagen publicitaria donde se muestra una familia blanca, está compuesta por un padre y una madre y niños normales, y resulta ser una ofensa para esta falsa Mayoría, alegando que ofende pues simboliza una familia patriarcal, con una pareja heterosexual, donde ningún niño sufre disforia de género. ¿Hasta dónde más va a llegar esta dictadura de la Mayoría? Efectivamente Tocqueville y Mill fueron visionarios en entender el peligro de que una mayoría, en una democracia como las actuales, pueda imponerse como la única verdad. Vemos que el mundo se ha vuelto a polarizar, donde el debate de las ideas capitalistas versus las socialistas (o directamente comunistas) sólo estaba dormido, y ha vuelto a despertar pero bajo otros escudos. Sin embargo sea del bando que sea, hay algo que no se puede erradicar jamás que es la Libertad individual.


Está documentado cómo la Libertad ha creado progreso. La Libertad económica, gracias a tratados de libre comercio, ha creado que exista cooperación entre los distintos países, las diferentes culturas, abaratando costos tanto de manufactura como el costo de adquisición. La libre competencia genera que ésta se perfeccione (aunque no sea perfecta) dando beneficio a los individuos a pesar que muchas veces se instale un discurso contrario. ¿Qué más ventajoso para una persona tener el poder de elegir entre varios productos, comparar los precios, y elegir cuánto se quiere gastar? O mejor, prefiero guardar mi dinero para destinarlo en otra cosa que me plazca o sólo acumularlo. Esto genera que la competencia perfeccione sus bienes y servicios donde sólo el individuo sale ganando. Esta evolución y progreso de las sociedades ha sido gracias a la Libertad de los seres humanos en la búsqueda de la felicidad, pues como ya se ha señalado, el buscar algo que me hace feliz, puede tener efectos positivos en la sociedad impulsando el desarrollo. Y no sólo en el aspecto económico, las sociedades civiles hoy gozan de libertades que hace cien años atrás eran impensables, si bien vivimos bajo democracias que no son perfectas, gracias a la tecnología tenemos los índices de pobreza y hambruna más bajos de toda la historia de la humanidad. Deberíamos estar agradecidos de cómo hemos llegado a este nivel de progreso, y no quedarnos en un estadio de desarrollo estancado en base a doctrinas que parecen estar en pos de la Libertad, pero no es más que un discurso de ciertos grupos minoritarios para obtener su propia cuota de poder. Y estos intereses que además quieren un pedazo del Estado son el principal enemigo de la Libertad humana.

Vemos que la Libertad se ve amenazada ya sea porque el Estado interviene cuando una acción perjudica a terceros, o cuando la Mayoría impone sus ideales en desmedro de una minoría, o de una mayoría pero silenciosa que no es capaz de expresar sus opiniones. ¿Dónde podemos establecer un límite entre la Libertad para que se resguarde de los males de la sociedad? ¿Qué separa el ámbito privado de lo público? ¿Cuándo el Estado puede intervenir en nuestra Libertad? Para Mill responder estas preguntas es una de las cuestiones más difíciles y complicadas del arte de gobernar. No existe una regla absoluta, las sociedades difieren entre sí. Sin embargo Mill reflexiona: “Creo que el principio práctico en que estriba la seguridad, el ideal que no se debe perder de vista, el criterio según el cual se deberán juzgar todos los acuerdos propuestos para vencer esta dificultad, puede expresarse así; la mayor diseminación del poder compatible con la eficacia; la mayor centralización posible de información, y su difusión desde el centro.” (Mill, 1859, p. 124)


La Falsa Mayoría contra Kast

En materia nacional, las constantes funas dirigidas con devoción a José Antonio Kast (varias durante su periodo como candidato a la presidencia durante el año 2017, la cancelación de la charla en la Universidad de Concepción, y ahora la violencia animal en su contra en las afueras de la Universidad Arturo Prat) son dirigidas por colectivos que abanderan varias causas y se imponen en la Opinión Pública como las demandas de la “Mayoría”. Han hecho un buen trabajo mediático en instalarse como una opinión políticamente correcta, y que todos los chilenos respaldan. Sin embargo eso no es así. Ellos son una Falsa Mayoría, pero lo que no han considerado es que la verdadera mayoría es una Mayoría Silenciosa, que sí busca el respeto, la solidaridad y aportar al desarrollo social de nuestro país, desde sus más diversas ocupaciones y pasatiempos. Son aquellos que desde las sombras crean fundaciones, centros de estudios, ONG, y otras instituciones desde la iniciativa personal de la ciudadanía.


Pero esta Mayoría Silenciosa ha reaccionado ante la imposición de aceptar falsas verdades, pues no son más que un discurso bien articulado que vende en pos del lobby progresista, con el fin de obtener recompensas no sólo políticas si no también económicas. Es un buen manejo de marketing que está alineado desde Hollywood hasta las Políticas Públicas, tratando imponer un mundo según la ideología comunista. Se llenan de discurso de tolerancia, de igualdad, de democracia. Pero en la Cámara de Diputados al discutir condenar las agresiones a Kast, la bancada del Frente Amplio se abstuvo y justificó el actuar de sus tropas. Son ellos mismos que promueven la violencia, la intolerancia, la división de los ciudadanos. Son ellos los que crean conflictos donde no los hay, para dividir y controlar.


Es esta Izquierda Extrema peligrosa para la sociedad, pues no lucha con ideas, si no con golpes y odio. Ya mencionaba Mill que para todos la verdad que uno posea es muy difícil cambiar, pues la visión que se tiene es desde su “mundo”, pero el debate es lo mejor para solucionar conflictos, conocer la contraparte, ya que de esta sana discusión nacen nuevas propuestas y se aleja el estancamiento humano. Pero ese es el juego de esta Izquierda radical: anular al individuo, inyectarle su doctrina, y hacerlo un peón.


José Antonio Kast puede no gustar a todos incluso en la misma derecha. Muy conservador, muy chapado a la antigua. Pero es de los pocos que ha buscado defender los cimientos de la sociedad occidental. Defender la familia, defender al individuo, defender las libertades. Buscando además fomentar el debate en espacios que son para eso como las universidades, pues en ellas hay un universo de pensamientos que deben coexistir sanamente, a través del pensamiento crítico. Pues tal como diría Mill:


El único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros es la propia protección. Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro una comunidad civilizada contra su voluntad es evitar que perjudique a los demás". (Mill, 1859)


[1] J. S. Mill entrega ejemplos de la historia como Sócrates, que al negar los Dioses del Estado griego, fue condenado a muerte.


Referencias bibliográficas

· Aguilera, Rafael. (2010) Biopolítica, poder y sujeto en Michel Foucault. Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política. Enero 2010. Recuperado de: https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/8892/biopolitica_aguilera_RU_2010.pdf?sequence=1

· Briceño, E. R. R. (2014) Apuntes éticos: Esperanza Guisán y un utilitarismo cordial e ilustrado. Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, 53(135)

· Colomer, Josep. (1987) El Utilitarismo: una teoría de la elección racional. Editorial Montesinos. Versión E-book. Recuperado de: https://books.google.cl/books?id=ZZ2bJXHjnGUC&dq=utilitarismo&lr=&hl=es&source=gbs_navlinks_s

· Delibes, Alicia (2015) La Tiranía de la Mayoría. A Este lado del espejo. Recuperado de: https://aesteladodelespejo.wordpress.com/2015/09/18/la-tirania-de-la-mayoria/

· Fairclough, N. (2009). ‘Políticamente correcto’: la política de la lengua y la cultura. Discurso & Sociedad, 3(3), 495-512

· Mill, John Stuart. (1859) Sobre la Libertad. Aguilar, Libera los Libros.

· Múgica, Fernando. (1999) John Stuart Mill, lector de Tocqueville. Cuadernos de Anuario Filosófico, Universidad de Navarra. Recuperado el 11 de diciembre de 2017, en http://dadun.unav.edu/bitstream/10171/6084/1/93.pdf

· Pavón, Víctor. (2014) La democracia está enferma de la tiranía de la mayoría. Cato Institute. Recuperado de: https://www.elcato.org/la-democracia-esta-enferma-de-la-tirania-de-la-mayoria

· Silva Rojas, Alonso, Maldonado Serrano, Jorge Francisco, & Aguirre, Javier Orlando. (2007). INDIVIDUALIDAD, PLURALIDAD Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN J. S. MILL. Praxis Filosófica, (24), 115-136. Retrieved December 12, 2017, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-46882007000100006&lng=en&tlng=es.


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