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Feminismo “8M” en Chile: siete tópicos de análisis (3ª parte)

Updated: Apr 2, 2019

Por Juan Cristóbal Demian


Para ver la primera parte de este artículo, hacer clic AQUÍ.

Para ver la segunda parte de este artículo, hacer clic AQUÍ.


5) Aspectos de la militancia feminista: La militancia feminista contemporánea es de una tremenda radicalidad y hay que entender que su poder de movilización y organización política no sigue lógicas partidistas tradicionales, por más que el Partido Comunista, el Frente Amplio y otros movimientos de izquierda dura estén absolutamente involucrados en apoyar y ayudar al direccionamiento de ésta. Las células del movimiento feminista es posible rastrearlas en instituciones que son claves para la producción y adoctrinamiento de seres humanos resignificados como “guerreros sociales” desde las edades más tempranas: los educacionales.

Hoy en día las universidades y muchos colegios se encuentran capturados por una fuerte militancia en pro de cambios sociales revolucionarios, y el feminismo es vendido a las alumnas de todo estrato y con mayor o menor adhesión como una verdad incuestionable, por la cual sus premisas de diagnóstico de la sociedad patriarcal que hemos visto en los puntos anteriores son tomadas por ciertas de antemano y por ende el feminismo se transforma en sentido común.


Es tal la gravedad de este aspecto que otras perspectivas de la realidad empiezan a ser censuradas no sólo por vía de la agresividad, sino por la del aislamiento del que piensa diferente especialmente en una edad en que la socialización con los pares es de suma relevancia.


A temprana edad las niñas, especialmente aquellas que están en liceos de mujeres son introducidas a estas comunidades que se expresan a través de la neolengua feminista y asumen esas categorías de la realidad como una verdad absoluta, teniendo los padres y profesores cada vez menos peso y relevancia para establecer un contradiscurso a estas tendencias radicales, peor aún es cuando esos mismos profesores propician esta temprana militancia que contiene profundo odio social, mientras los compañeros varones también son forzados por esta vía a asumir estas categorías mientras paralelamente grupos de insurrección antisistema empiezan también a cosechar entre estos menores de edad militantes que serán los “encapuchados” que llevarán a cabo violentísimas acciones subversivas.


En las universidades, donde la adultez permite disfrazar la militancia ciega como “pluralismo”, el brazo político de organizaciones de izquierda es más explícito y literal, lo que no significa que en los colegios no sea evidente. La implementación por vía de la dictadura horizontal del discurso, control y dirección feminista se expresa por medio de las “asambleas autoconvocadas”, grupos que sin ninguna validez más que su propia voluntad de poder crean un espacio rebelde dentro de la universidad, apropiándosela y quitándosela al sistema, desde el rector hasta los demás estudiantes carecen de validez para estos grupos.


Este asambleísmo feminista además tiende a tener dos problemas relacionados con los varones, están las que pretenden mantener un mínimo de discurso por la igualdad que consideran a los varones como compañeros de lucha, y están quienes pretenden erradicarlos de la toma de decisión política en base a que siguen siendo una “corporalidad opresora”, especialmente si permanecen en la heterosexualidad y están “poco deconstruidos”.


El segundo es hasta qué punto incorporan a los “trans”, puesto que para algunas feministas los trans vienen a ser hombres biológicamente y por ende no son mujeres, esta postura esencialista es rechazada por las que defienden la destrucción de la masculinidad que representan estas personas y por ende incluso les otorgan lugares de poder privilegiados para ser las caras del proceso.


Por fuera de estos grupos radicalizados quedan todas esas mujeres, las cuales fueron y apoyaron instancias como la marcha del 8M, que sin tener idea de la verdadera radicalidad de este movimiento social siguen creyendo ilusamente que se trata de lograr un cambio social por la mera igualdad de condiciones en nuestra sociedad, por ello debemos adentrarnos en la matriz ideológica del feminismo, al menos resumidamente.



6) El trasfondo ideológico del feminismo: Puede que este ítem debiese haber sido tratado en primer lugar ya que es la base real de todo este embrollo, sin embargo era de mayor urgencia tratar los lugares comunes que han hecho a este movimiento tan masivo para pasar a evaluar su sustrato.


El investigador político Federico Ossa emplea la siguiente definición de feminismo, la cual puede ser algo confusa, sin embargo es politológicamente más apropiada que los clichés que se usan para definirlo. Siguiendo a Ossa, el feminismo es un conjunto de tesis, materializado en discursos y prácticas, que cuestionan y combaten la suficiencia del sólo dato ontológico para determinar los límites y posibilidades políticas de lo femenino, o bien de forma más radical, es un conjunto de tesis, discursos y prácticas que cuestionan y combaten la validez y relevancia de la diferencia sexual como un régimen político.


Para desentrañar lo anterior es necesario hacer el ejercicio de circunscribir el feminismo en un proceso mayor, un proceso revolucionario por el cual se busca abolir toda diferenciación humana, puesto que toda diferenciación implica injusticia y opresión.


La deconstrucción que hemos mencionado en el punto 4 en la segunda parte de este artículo implica la eliminación del binario hombre-mujer, ya que los binarios son la expresión de esta opresión entendida desde la diferencia, donde los cuerpos feminizados (no la mujer biológica) son el grupo-víctima que debe ser liberado, y la liberación se logra mediante la eliminación de las diferencias sexuales.


Por ende, el feminismo es de por sí una reclamación revolucionaria interconectada con todas las reclamaciones de este tipo que son parte de la causa de la izquierda política que busca abolir los principios fundantes de Occidente para lograr una gran colectivización que se implementa mediante la eliminación sistemática de toda diferenciación humana.


Es aquí donde se esgrime una postura crítica respecto de personeros de derecha o centroderecha que se declaran “feministas”, o lo que es más común últimamente, una corporativa defensa a un supuesto “feminismo liberal”, el cual no es más que la poco original relectura del liberalismo clásico enfocado a las mujeres, lo cual es válido, pero al momento de llamarlo “feminismo” no hace más que validar y seguir socializando la categoría “feminismo” y toda su carga revolucionaria.


De aquí que es inútil, poco sofisticado y hasta contraproducente que la derecha, sea liberal, libertaria o conservadora intente “rescatar” el feminismo, peor aún si se trata de una mera estrategia populista.


La ideología profundamente de izquierda del feminismo queda bien representada en el petitorio feminista de la Coordinadora 8M, para no exceder el alcance de estas líneas, ruego al lector hacer clic AQUÍ para leer un breve análisis de los puntos de este petitorio.



7) Implementación de un programa político “no-sexista”: De todo lo anterior tenemos como resultado que lo que buscan las vanguardias ideológicas feministas es la implementación de cambios socioculturales y políticos de gran envergadura, dada su naturaleza revolucionaria, vinculada a la izquierda y su eterna búsqueda de la sociedad igualitaria, comunista, sin autoridad, clases ni clasificaciones.


El “no-sexismo” es la categoría clave para describir el modelo de sociedad particular que se propone en clave feminista, este tipo de sociedad implicaría la operacionalización de un sistema donde la diferencia sexual es abolida completamente mediante la deconstrucción del sexo por la vía de la hibridación en materia de género.


En otras palabras, tal como lo han venido haciendo progresivamente en las universidades, se trata de la generación de un estado de vigilancia y coacción de tipo asambleísta-popular con un código penal nuevo y que se rija por los fines del proceso revolucionario, por eso la “moda de las funas (escraches)” han sido un ensayo esencial para demostrar que se puede anular y extinguir socialmente a una persona por la vía de la acusación en base a un paradigma revolucionario sin que tenga derecho a presunción de inocencia.


Este tipo de ajusticiamiento empieza a ser válido para todo tipo de rivales políticos del feminismo, partiendo por quienes penalicen socialmente el aborto, pero extendiéndose a toda la derecha, especialmente al combinarse la agenda feminista con la agenda de desintegración económica (movimientos como No + AFP y otros que claman por la colectivización y los “derechos sociales”), la agenda indigenista (levantamiento armado molecular en La Araucanía), la agenda ecopesimista radical, entre otros.


La vigilancia de esta sociedad que erradique por vía de la anulación de individuos ‘reaccionarios’ sería liderada por comités y consejos (soviets) como los que operan en las universidades; algunos de estos consejos tendrían por tarea reescribir la historia, tal como lo intentan hacer aquellos que hoy en las universidades despedazan al libertad de cátedra revisando la bibliografía que los profesores usarán en su clase para que su contenido sea no-sexista.


Gracias a su uso de la retórica, estos maestros del engaño, buscan instaurar tal sistema envuelto en palabras clave como “democracia”, “tolerancia” e “inclusión”, para que de esta forma, mediante la corrección política - en la que gran parte de los medios de comunicación actúan como generadores de ella en complicidad con las vanguardias revolucionarias – se instale con tranquilidad el discurso único de manera que es visto como “apolítico” de forma ingenua por la sociedad, inconsciente de la amenaza real.

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