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En defensa de lo posible: El (ni tan) oculto totalitarismo del feminismo chileno

Por Juan Cristóbal Demian


Como “la expansión del campo de lo posible” definió el filósofo existencialista de lealtad maoísta Jean Paul Sartre al espíritu que dio vida al Mayo del 68 francés, esa revuelta estudiantil que soñó de forma organizada una reestructuración psicosocial y cultural de tal magnitud que pudiera revertir y subvertir todos los valores y esquemas de la sociedad occidental. ¿Su meta? Imprecisa quizás, pero su lealtad fue, es y será, por muy críticos que parezcan entre sí, con la izquierda política; recordemos que el auge de esta fiesta filosófica de la diversidad que fueran los años 60s tardíos se vio acompañada de la mano con su prima oriental, la revolución cultural de Mao Zedong en China, y mientras el “camarada Mao” llenaba de esperanza a los jóvenes revolucionarios franceses, su régimen uniformaba y asesinaba a los suyos como pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad.


Es bueno recordar esto cuando hablamos de “los límites de lo posible” que los Diálogos Feministas de la Fundación Nodo XXI emplean, parafraseando a Sartre, los cuales han de ser “corridos” por el feminismo – según ellas.


La carta en sí, titulada “El Feminismo llegó para correr los límites de lo posible”, publicada en El Mercurio el domingo 17 de junio de 2018, es un pequeño pero nutrido manifiesto de las verdaderas intenciones políticas e ideológicas del movimiento, y en su brevedad cumple con lo suficiente para cumplir dos funciones principales: en primer lugar unificar generacionalmente todos los feminismos nacidos del neomarxismo; desde el que vivieran las feministas revolucionarias “veteranas” de los años 60s-70s hasta el feminismo actual, ungido en la deconstrucción. La segunda función de esta pequeña carta-manifiesto, una vez cumplido el primer objetivo es actualizar el discurso mediante “saltos categoriales”, es decir dejar atrás ciertos conceptos para enfocarse en otros.





El primer objetivo se cumple de forma táctica, con la mera firma de las mujeres que participaron en su redacción, es bueno no dejarlas en el olvido como un mero colectivo, así que las individualizaremos en el orden etario más adecuado posible:


-María Isabel Matamala, médica y especialista en el vínculo entre feminismo y salud, ex militante del MIR.

-Olga Grau, 72 años, filósofa y académica especialista en sexualidad y género, profesora en la Universidad de Chile.

-Nelly Richard, 70 años, académica que estudió en La Sorbona, Francia, cuna intelectual del Mayo del 68, difusora del pensamiento crítico de izquierdas en Chile desde los años 70s.

-Faride Zerán, 68 años, escritora y periodista, ex miembro del directorio de TVN y profesora en la Universidad de Chile.

-Diamela Eltit, 68 años, escritora de renombre internacional.

-Gloria Maira, ex subsecretaria del SERNAM, Magíster en Ciencias Sociales con Mención en Género de la FLACSO y vocera de la Mesa de Acción por el Aborto.

-Orietta Fuenzalida, Dirigente en la ANEF y activista de NO+AFP.

-Jimena Aguirre, Dirigente ANEF y vocera del movimiento “Cabreados” de la misma organización.

-Paula Quintana, 52 años, ex ministra de Planificación en el primer gobierno de Michelle Bachelet, actual concejal por Valparaíso, militante del Partido Socialista.

-Beatriz Sánchez, 47 años, periodista y ex candidata presidencial del conglomerado de izquierdas hegemónicas “Frente Amplio”.

-Mia Dragnic, socióloga, máster en género y doctor en estudios latinoamericanos, destacamos su columna “Feminismo Hiperreal” para el medio de prensa tradicional de la izquierda crítica Le Monde Diplomatique.

-Alejandra Castillo, doctora en filosofía, autora del libro “Disensos Feministas”.

-Luna Follegatti, doctora en filosofía y especialista en género y biopolítica, entre otros, académica en la UMCE.

-Daniela Quintanilla, abogada de la corporación feminista Humanas.

-Rosario Olivares, ex candidata a diputada y militante del movimiento Socialismo y Libertad, dentro del Frente Amplio, del que fue vocera.

-Constanza Valdés, militante del Partido Pirata, dentro del Frente amplio, primera vocera transgénero de dicha colectividad.

-Camila Rojas, 27 años, diputada de Izquierda Autónoma, movimiento parte del Frente Amplio.

-Natalia Corrales, presidenta del sindicato a honorarios de la Municipalidad de Valparaíso, militante de Izquierda Autónoma.

-Daniela López, ex dirigente estudiantil y militante de Izquierda Autónoma.

-Camila Miranda, egresada de derecho, investigadora en la Fundación Nodo XXI donde se redactó esta carta en discusión, centro de estudios líder en el desarrollo del pensamiento de la nueva izquierda en Chile.

-Pierina Ferretti, máster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile, también investigadora en Nodo XXI.

-Sofía Esther Brito, 24 años, poetisa.


Es bueno el ejercicio de individualizar los enjambres de nombres ya que éstos suelen hacernos olvidar que hay personas detrás de cada idea y que éstas no van solas por ahí moviendo las placas tectónicas de la historia, además una revisión a conciencia de estos nombres debería permitir, de una buena vez, hacer palidecer los pusilánimes intentos del gobierno y de distintos actores de la centroderecha de creer que son bienvenidos en lo que se está forjando aquí. (Como esto último difícilmente sea posible, apelamos al lector promedio a estar atentos al fenómeno).


Pasemos ahora a los cambios conceptuales que se plasman en el documento; de partida hay que indicar que la izquierda gusta de “saturar” conceptos, es decir, lograr que se hagan tan comunes en la cultura que pueda ser posible implementar el siguiente, en esta carta esto se hace dos veces, uno de forma explícita y uno de forma implícita.


Explícitamente se cataloga el concepto de “género” como inofensivo en relación al concepto de “feminismo”; escriben literalmente:


“Compartimos la alegría de ver cómo las movilizaciones protagonizadas por las estudiantes han vuelto a poner en circulación la palabra feminismo, evadida, silenciada y ocultada durante los largos años de la transición detrás del inofensivo concepto de “género””.


Es inevitable acordarse de la pobre Judith Butler – una de las principales teóricas del feminismo contemporáneo - que en su libro El género en disputa, de 1990, indicaba que “el sexo siempre fue género”, digamos pues que para ella hablar de género no era tan “inofensivo” y de hecho esa conceptualización empezó a calar de forma institucional desde esos años (los mismos de la transición) en el entramado institucional global, algo pasó en el camino que la conceptualización de género no basta para este feminismo no-sexista, y es que el no-sexismo o el no-sexo parece ser el nuevo fetiche para las feministas que disputan el poder en pleno 2018.


La instauración del “género” en la discusión – tal como hemos dicho - permitió la entrada del feminismo contemporáneo al mundo institucional, mediante cargos públicos, supranacionales o vinculados al mundo académico, estudiantil, sindical e incluso empresarial; sin embargo, hoy velar por un ambiente cultural no-sexista exige la disputa directa del poder, es decir “vigilar y castigar”. No lo esconden cuando las feministas de la carta en cuestión llaman a conformar una “agencia política capaz de entrar en diálogo y contradicción con el poder”, y es aquí cuando vemos hacia dónde va la cosa, mediante el segundo salto categorial implícito, el que llama a “ampliar y profundizar nuestra restringida y elitaria democracia” para pasar a una democracia radical o participativa.


La democracia participativa, que es uno de los objetivos estratégicos del Frente Amplio, tiene su raíz en la distinción que hizo Karl Marx en 1871 en La Guerra Civil en Francia de la democracia representativa liberal burguesa (parte de lo que llaman el modelo neoliberal) y la democracia obrera participativa directa; esta última –inspirada en la Comuna de Paris–, implica un régimen de consejos horizontales de base, donde sus representantes como parte de un colectivo están sujetos al mecanismo de revocabilidad permanente, luego hacia la cúspide del poder el mecanismo de elección de autoridades es el de asambleas. Esta es la raíz del autoritarismo de la asamblea de base universitaria, es por eso que es tan importante la conglomeración, el gritar más fuerte que el otro, la oclocracia o gobierno de la muchedumbre, y es por eso que para las feministas de esta carta es necesario “disputar los sentidos comunes”, correr el límite de lo posible implica lavar el cerebro de muchos para mantener con susto a los pocos y al parecer con nuestra centroderecha criolla les resulta espectacular. Más triste aún es ver a esa centroderecha copiando y replicando estos mismos conceptos y métodos, pero eso es otro tema.


Aún más llamativo es que dicha acción de entrar en diálogo y contradicción con el poder, según ellas, tenga como fin “incidir políticamente sin renunciar a la rebeldía feminista”. Un “rebelde” según la RAE es aquel que falta a la obediencia debida u opone resistencia; es claro que el feminismo pone su noción de rebelión en antagonismo con el “patriarcado”, así como la izquierda en general con el “modelo neoliberal”, ahora bien que no se renuncie a esa “rebeldía” a pesar de incidir políticamente, es decir incluso teniendo este feminismo de izquierdas éxito al punto de marcar el compás político, la “rebeldía” contra sí mismo debe seguir, a este viejo truco nacido conceptualmente en la Revolución Francesa de los jacobinos, popularizado por Marx y Trotsky y aplicado a su modo por Mao se le llama “Revolución Permanente”: esto implica que la llamada “revolución democrática” (como el partido, qué coincidencia) siempre va a tener una vinculación con la burguesía, por lo que las bases proletarias/oprimidas (o en este caso mujeres y disidentes sexuales) deben mantener una presión constante para reemplazar el patriarcado y el neoliberalismo. El patriarcado lo reemplazan por un paradigma no-sexista (es decir sin sexos) y el neoliberalismo por un régimen sin propiedad privada (lo solían llamar comunismo antes, pero parece que hoy les avergüenza a algunos usar esa palabra).


Así, mientras los elementos burgueses del Frente Amplio, el Partido Comunista y los ex Nueva Mayoría -que hacen la labor institucional en el poder del Estado y las bases sociales- moldean los paradigmas y vigilan; corresponde a las bases agitadas, los gritones, los “monos” –como se les llama a los lumpen de extrema izquierda-, la labor de castigar a los que no se quieran adaptar a esta nueva tiranía horizontal de masas.


Es aquí cuando tiene sentido leer con ojos más abiertos cuando en la carta las autoras dicen que hay que “avanzar en una articulación socialmente anclada que convoque a las mayorías golpeadas por el neoliberalismo”, y así de pronto ya no hablamos sólo de “la mujer”, sino que de algo más grande, una revolución permanente que pueda “tensionar las prácticas e idearios de las organizaciones sociales y políticas: sindicatos, partidos, movimientos” de acuerdo a lo expresado por ellas mismas.


Un pequeño pero a la vez gran guiño a la fusión de ambas metas se lee cuando estas feministas dicen que hay una “necesidad de repensar la educación desde una perspectiva no sexista, retomando y enriqueciendo con ello la lucha por la educación pública como un derecho social”; aquí se concentran sus metas y estrategias al mismo tiempo, sin duda la educación es la llave para controlar las mentes de miles de jóvenes que están en formación, a su vez el hecho de repensar implica diseñar un modelo con un enfoque específico, no sexista y anti neoliberal, el cual por cierto es “gratuito” como derecho social, brindado para todos sin excepción de forma totalitaria por el Estado, obviamente en un estadio ideal final, ya que hemos visto que es posible infectar este virus en establecimientos privados sin ningún problema, por ello es que en la carta se llama a “disputar los sentidos comunes”, en otras palabras disputar las mentes de la gente y cambiar sus valores.


Es muy empático, en el sentido tradicional de la palabra, impedir que una mujer (y cualquier persona) sea víctima de una agresión física y sexual, también lo es no permitir que un comprobado depravado o maníaco se aproveche de una situación de poder efectiva sobre alguien, sea hombre o mujer, para acosarlo psicológica o sexualmente, pero seamos claros, de eso no se trata ni la carta, ni la política ni la ideología detrás de esto, por eso es ridículo que el común lector se quede en esa mínima fracción del discurso para apoyar este movimiento que es sólo el enganche para vender todo lo que está detrás, es por eso que el feminismo como estrategia neomarxista es grito y plata, porque en primer lugar permite a muchedumbres gritar fuerte (y muy fuerte) respecto de un tema sensible y porque la condena social por resistirse está resignificada con conceptos que a estas alturas merecen la horca, como el machismo.


A continuación instamos al lector a deleitarse con un ejemplo de aplicación de estos principios: el petitorio unificado de la Asamblea de Mujeres de la Universidad de Chile, presentado al rector de dicho establecimiento el día siguiente de la publicación de la carta, el lunes 18 de junio de 2018.


“Bajo este modelo, toda expresión identitaria, social, cultural y política no binaria, no heteronormada, ni masculinizada es cuestionada y excluída, ya que no responden a los roles impuestos y necesarios para la reproducción humana y la acumulación de capital. En otras palabras: el patriarcado, la Iglesia, el capitalismo, y en su conjunto, el modelo neoliberal siguen perpetuando la negación de otras identidades, orientaciones y expresiones sexuales.”


Así diagnostica el petitorio el escenario social y político que circunscribe a Chile, pero no sólo a Chile, sino al sistema completo en sí mismo que es ya un orden humano completo en el hemisferio occidental, frente a esto el petitorio aboga por la “necesidad de que la Chile tenga un rol protagónico en derribar la educación basada en el sexismo que impulsa el patriarcado, modificando sustancialmente el perfil del estudiante que ingresa y entregando al país profesionales dispuestos a promover un Chile que reconozca y promueva la diversidad.”


Podemos ver aquí en estos dos extractos un diagnóstico inicial y un objetivo para su solución, llama la atención en primer lugar que se cumple a cabalidad la integración del “patriarcado” este némesis del feminismo en un problema más grande: el “neoliberalismo”, e incluso el “capitalismo” es parte de él.


Veamos: el “neoliberalismo” es un concepto saturado, es decir tan repetido discursivamente que es parte del diccionario social, sin embargo su origen y definición no son del todo ciertos; fuera de que el término fuera acuñado por Alexander Rüstow para definir un liberalismo de “tercera vía” o socialdemócrata en la década de 1930, el neoliberalismo como la gente lo entiende hoy es una mezcla sedimentada de conceptos vinculados a la derecha política de una u otra forma.


Cuando desde los años 70s y 80s, al borde del fin de la Guerra Fría y el trauma de la muerte del socialismo real, el modelo liberal occidental parecía prevalecer y dar paso al “fin de la historia”, se gestó un consenso entre las teorías liberales económicas y políticas y los sectores de la vieja derecha, consenso que ocurrió en varios países incluido Chile. En resumidas cuentas esa vieja derecha nacionalista y conservadora vio que la prosperidad económica traía beneficios a la nación y no se contradecía necesariamente con su orden moral o sus dogmas de fe, sino que incluso se potenciaba mediante el culto al trabajo y el esfuerzo; mediante este consenso los liberales lograron consagrar el respeto a su tríada fundamental: vida, libertad y propiedad.


Este consenso que fue más bien práctico que ideológico representó para la vereda de la izquierda utópica un gran problema, el cual pudieron sintetizar con el concepto de “neoliberalismo”, que incluía todos los factores que pudieran ser parte de ese consenso, ya sean los valores liberales, los dogmas y moral conservadora o la unidad nacional. No nos extenderemos más allá sobre esto, pero en resumen todo el grupo de ideas que triunfó en occidente frente al comunismo es el neoliberalismo que debe suplantarse.


Para ello se proponen modificar sustancialmente el perfil de los estudiantes, según ellos, leído de otra forma, lisa y llanamente adoctrinar estudiantes para que movidos por aquello que está “más allá de los límites de lo posible” busquen sustituir el orden neoliberal mediante la subversión de todos sus valores.


También se habla de “promover” la diversidad, esto indica que no basta con “reconocerla”, nuevamente se interpela al poder del castigo horizontal: del reconocimiento de los oprimidos en su categoría de tales (mujeres, LGBT, indígenas, etc) a su acción política y militancia.


¿Qué métodos ofrece el petitorio en cuestión para este objetivo?


Primero, un protocolo universitario contra el acoso sexual, laboral y de discriminación, el cual impida la re-victimización constante de la víctima, es decir, que baste con el enunciado acusatorio para la penalización del acusado, para esto se instauraría una vicerrectoría de género y sexualidad que no sería más que un consejo (soviet) encargado del buen comportamiento del enclave revolucionario y las purgas necesarias para ello.

A esto se añade una encuesta docente que permita identificar discriminación y machismo, evaluando el comportamiento del profesorado fuera y dentro del aula. Este punto es enternecedor como un homenaje póstumo a la Revolución Cultural maoísta, en la que cientos de profesores fueron ajusticiados por los estudiantes por su falta de compromiso con el régimen en las universidades chinas.


Recordemos ante esto que los cargos serían siempre machismo y discriminación o incluso acoso y abuso sexual, ¿quién podría osar siquiera defender a un perpetrador de tales actos? O peor aún ¿quién se animaría a dudar de que quizás la acusación es falsa? Ciertamente es inédita tal jugosa oportunidad de la izquierda en las universidades para silenciar y destruir a alumnos, profesores o funcionarios que defiendan el “neoliberalismo”, ya sea dentro o fuera del aula.


Luego exigen una mesa abierta por carrera y programa que revise mallas curriculares para incluir bibliografía equitativa de autoría de mujeres y perspectiva de temáticas de género, corrigiendo a los profesores que no la tengan. Claramente un profesor ahora ya no es un experto confiable en el tema que dicta y debe ser reeducado por este pequeño soviet encargado de mallas curriculares, el cual de paso puede dar un empujoncito suprimiendo lecturas con olorcillo neoliberal, qué ofertón.


También en su cruzada no-sexista piden reconocimiento de identidades transgénero a través de decreto. Otro rey de los decretos fue el ídolo de tantos de estos justicieros, don Salvador Allende, quien también quiso "correr los límites de lo posible" por decreto, ya que la realidad le decía otra cosa. El tema transgénero es un buen campo experimental para jugar con la percepción subjetiva modificable por decreto.


Acorde con esto exigen un nuevo código de ética que abarque violencia de género, o sea institucionalizar todo lo que hemos venido conversando aquí, para que no se escape ningún funcionario ni estudiante, ni el rector ni el tío del aseo.


También exigen abrir la asignación de recursos mediante democratización y participación triestamental de la comunidad universitaria con el fin de proteger financieramente a las carreras con menos valorización en el mercado (femeninas). Este punto es un clásico, no es más que la versión feminista del antiguo objetivo comunista de la igualdad de resultados, se culpa a la estructura neoliberal de que no todas las labores en la división del trabajo generan la misma riqueza, ahora bien como no pueden controlar el mercado en sí buscan compensar, con el presupuesto universitario, a todas aquellas disciplinas que no son valoradas en el mundo exterior. Detrás de este punto sólo hay ineficiencia de gestión y eventual festín y despilfarro, después de todo los carretes universitarios te acercan a futuros militantes, una inversión que en sus mentes vale la pena.


Finalmente, mesas de trabajo triestamentales y voto triestamental en la elección de autoridades; acompañado por cierto de paridad de género en los cargos y órganos colegiales. No sólo llama la atención jocosamente el enterramiento del mérito que acompaña siempre a estas nefastas medidas de cuotas de género, sino que las mesas de trabajo triestamentales y el voto “democrático” de autoridades mediante este método es lisa y llanamente la implementación de democracia radical de la que nos habló el viejo Marx, otro gran homenaje sin duda el de estos muchachos.


La carta de las líderes feministas y este petitorio se complementan de pies a cabeza, son tantos los ídolos del comunismo más nefasto y brutal del siglo XX los que se ven homenajeados en este movimiento y sus demandas que incluso podríamos considerarlo un museo ambulante, lástima que está en sus manos la educación y el bienestar de muchos estudiantes, profesores y funcionarios que quieren llevar a cabo un aprendizaje y crecimiento personal sobrio y responsable, esto incluye obviamente a muchas mujeres que de a poco se dan cuenta de la trampa que se está forjando a su nombre y de la que no quieren ser cómplices.


Cuando vemos al rector de la Universidad de Chile responder al petitorio diciendo “estamos todos y todas por los cambios que implica la igualdad de género” vemos como la institucionalidad decadente obedece como un cadáver a los grupos de vanguardia de ultraizquierda y nos damos cuenta que es hora de acción y de reconocer que lo posible es lo suficientemente bueno para defenderlo.


NOTAS:


1.- Para leer la carta “El Feminismo llegó para correr los límites de lo posible” ver el siguiente link: https://bit.ly/2KHM6yU


2.- Para ver el petitorio unificado de la Asamblea de Mujeres de la Universidad de Chile revisar el siguiente link: https://bit.ly/2tVYZOj

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