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Contribución a una reacción en curso

Por Joaquín Levine


En los círculos de nueva derecha en Chile es cada vez más frecuente leer sobre el nuevo modelo revolucionario que está siendo aplicado en nuestro país, el modelo nacido de la mano de teóricos importantes de la vanguardia de la Nueva Izquierda como Félix Guattari, Gilles Deleuze o Georges Bataille: la Revolución Molecular Disipada. Es hora de dar algunas luces para ir respondiendo en distintos planos a esta estrategia planteada por nuestros enemigos. El coronavirus nos dio tiempo para reflexionar, por lo que debemos aprovecharlo. Partamos por definir la jugada que nos hicieron.


EL MODELO REVOLUCIONARIO


La revolución molecular, en la práctica, opera a nivel mental de los individuos, y consiste en “crear subjetividades”, “vías de escape” del orden y su sistema valorativo, utilizando la matriz ideológica derivada de la deconstrucción. No se trata de tener un programa, ni una lista de medidas, ni líderes, se trata de tenerlas todas a la vez, de forma descentralizada. Así, para cada persona, lo que “hemos aguantado” por 30 años va a cambiar dependiendo de con quién estemos tratando. Por lo que para algunos es el sistema de pensiones, otros la desigualdad, otros el patriarcado y otros la corrupción del sistema político. Son tantas cosas que, le pusieron la rúbrica de luchar por la “dignidad”, cosa que no es casualidad, al tratarse de un concepto vago, poco claro en principio, pero que calza pues es capaz de abarcar todo lo que la gente pueda querer.


Esta retórica se fortalece con la acción policial, generando la contradicción de que son los poderosos, o privilegiados, u opresores, quienes usan la fuerza del Estado para “reprimir la dignidad” o las “legítimas demandas” (las cuales nunca son especificadas), es decir, las miles de demandas que la gente subjetivamente adjudica al movimiento social. Lo primero que debe descartarse pues, es que con militares se soluciona el problema, esto solo fortalece a la hidra de mil cabezas.


La pregunta entonces es obvia ¿Cómo es posible que consigan tal nivel de coordinación? La respuesta es que no siempre lo tienen, simplemente actúan guiados por su forma particular de “lucha” y por su ideología que les produce un rechazo psicológico a lo que sea que ellos entiendan por “el sistema”. Desde lejos, pareciera que son muchos y coordinados, pero la realidad es que lo único que comparten es la idea de pertenencia a algo grande, el rechazo al “sistema”. Dado que a nivel mental los grupos están coordinados de antemano por décadas de hegemonía cultural progresista, cada uno lleva la lucha a su manera, mediante apoyo mutuo, pareciera que es más coordinado que lo que realmente es.


Si bien hay muchos grupos que generaron fisuras ideológicas subversivas, como los indigenistas separatistas mapuches, las feministas o la CUT al mando del Partido Comunista, por cada uno de ellos que lidera su particular forma de lucha, hay muchos más que son llevados al unísono creyendo que luchan por derechos, sea lo que sea que signifique “luchar por derechos”. Estos grupos sin duda, funcionan como puntas de lanza, y son los primeros que esperan cosechar algo de todo esto.


Visto desde un punto de vista pragmático, por supuesto que sería fácil desmontar muchas de las absurdas consignas enarboladas por los grupos subversivos (para refutar al movimiento NO+AFP simplemente falta aprender a sumar), sin embargo resulta muy difícil bajar de las nubes y desmontar luchas “por derechos” que, teniendo su mérito particular en algunos de los casos, no operan en un nivel de análisis racional. Cuando el momento revolucionario vuelva, lo hará con la misma fuerza que antes, pues nuevamente bastaría con generar la contradicción de “el pueblo que pide dignidad y derechos” contra el “Estado que reprime en beneficio de los poderosos”.


El premio es demasiado grande como para estar preocupándose por las formas, lo dicen los revolucionarios abiertamente. El premio es “la dignidad”. De hecho, mientras peores sean las formas, más fuerte será la reacción de las fuerzas de orden, lo que fortalecerá la represión contra incautos que no se den cuenta del peligro, que luego reclamarán por la represión, aumentando la presión para desactivar las fuerzas de orden. No basta, entonces, con intentar darles legitimidad a carabineros, se debe ir al punto de fondo, que opera a nivel discursivo.


La revolución entonces, es caracterizada como “molecular”, por su forma descentralizada de operar, coordinada únicamente por un “sentir revolucionario” de rechazo al “sistema” que coordina a miles de personas, con los grupos subversivos profesionales como puntas de lanza, pero que convoca a incautos que, desde su subjetividad, asocian la opresión con diversas demandas o “derechos”, legitimando y dándole legitimidad al movimiento.


DEBILIDADES DE LA REVOLUCIÓN MOLECULAR


Una de las principales fortalezas de la revolución es su capacidad de conectar personas únicamente por su rechazo psicológico al sistema, de aquí que una de las palabras preferidas de los subversivos sea la “empatía”. Esto ya se ha dicho, pero lo que no se ha enfatizado es que los grupos que funcionan como “puntas de lanza” no tienen agendas subjetivas, sino objetivas. Es mucho más práctico entonces, enfrentar la molecularidad atacando las “vías de fuga” y de sus respectivos colectivos, y buscar la contradicción entre ellos, peleas internas.


Los objetivos de algunos grupos subversivos y otros son, a menudo, tan distintos como el agua y el aceite. Esto quedó de manifiesto cuando feministas y miembros de la primera línea se enfrentaron por el territorio (dominio de la calle) en Concepción. La Izquierda al intentar abarcar tanto, posee fraccionamientos potentes y profundos, por lo que buscar hacer noticia con este tipo de peleas, es una buena estrategia para ir desmontando la “unidad” que entrega la unión de las subjetividades de la revolución molecular. Hay que fomentar peleas entre feministas y anarquistas, exponer la “masculinidad tóxica” de los segundos. Peleas entre progresistas e Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, entre otras contradicciones por explotar.


Al mismo tiempo que se fomentan las peleas “entre ellos”, se debe atacar a las organizaciones que operan como vanguardias (como la CAM, Ukamau), exponer sus participantes, sus agendas, y refutarlas con nombre y apellido.


Otra de las principales fortalezas del movimiento molecular es generar la sensación de una gran ganancia subjetiva, frente a la cual, hay poco que perder. La actitud nihilista de tener poco que perder, es característica en niños que, por lo general mantenidos y sin ningún concepto de esfuerzo o sacrificio, han sido los primeros en sumarse a cuanta causa posmoderna o de “lucha por derechos” pueda haber.


Esto genera por supuesto, la primera contradicción evidente, adultos versus niños. En circunstancias normales esta dialéctica nos sería de mucha ayuda el explotarla, pero en el Occidente deconstruido les hemos terminado por dar excesiva relevancia e importancia a los niños como agentes de cambio y de “consciencia social”. Deleuze nos habla abiertamente del “devenir niño” que es la consigna ideológica que busca lograr el nihilismo también en los adultos. Pero esto choca con la realidad de todas las personas con emprendimientos o negocios que han sido atacados o agredidos por gente violenta y fuera de sus cabales. Los grupos “pequeñoburgueses” son un gran nicho de militantes disidentes para enfrentar esta revolución.


El llamado entonces, en este contexto, es a los padres a restringir y revisar las redes sociales de sus hijos, y si hay elementos subversivos quitarles el internet o confrontarlos. Si queda algo de sentido común en los padres de este país, claramente veríamos menos comentarios del tipo “quemen todo” de pendejos en redes sociales. Esta acción debería perpetuarse en el tiempo por supuesto, los padres deberían meterse mucho más en la crianza de sus hijos, pues ciertamente esta vía de escape tiene mucho que ver con la decadencia de la familia.


Otra debilidad de la revolución molecular, radica en su principal fortaleza. Dado que no tiene programa, ni tiene líderes, no puede pedir nada en concreto. Esto es tremendamente complicado de abordar si eres Gobierno, pues tienes incendios por todas partes, sin nadie que se los adjudique y un montón de tontos útiles diciendo que son “montajes”, y tampoco tienes nada por resolver, pues te piden muchas cosas al mismo tiempo. En la medida que la Izquierda institucional intente cosechar de esto, recogiendo alguna medida de “la calle” será más fácil enfrentarla, y refutarla dado el caso. Debemos, cuando esto suceda, acusar a la Izquierda de avalar la violencia o apoyarla. Es posible que a pesar de todo el ruido no consigan nada en concreto.


QUÉ DEBE HACER LA DERECHA, LA FORMA


En este último párrafo, cuando hablemos de Derecha no vamos a hablar de aquella mal llamada derecha institucional, que son un montón de ignorantes, cobardes y entreguistas. Ellos son tan responsables como los radicales de Izquierda de la situación que estamos viviendo. Con Derecha nos referimos a nosotros, a los patriotas, los que hemos dado cara, arriesgando nuestros puestos de trabajo, nuestras reputaciones y nuestras vidas por estar contra “la dignidad”. Los vilipendiados como fachos pobres, patriarcales o neoliberales.


Lo primero que se debe hacer es atacar, identificar y exponer a los medios de ultraizquierda y el sesgo de los medios de comunicación en general. Estamos hablando de El Desconcierto, El Dínamo, El Mostrador, El Ciudadano, Radio Villa Francia, Gamba, CNN, Chileokulto y tantos otros, que se dedican a publicar mentiras todos los días. Estos medios deben ser asediados, deben ser mostrados como mentirosos y sesgados, y mientras tanto debemos montar nuestros propios medios de redes sociales, apoyarlos, tales como El Baquedano, El Líbero, Fundación Nueva Mente, Corrupción Chile, El Nacional Libertario, entre otros. Nuestros youtubers son nuestros alfiles de información, para contrarrestar la hegemonía comunicacional de Izquierda en redes sociales. Esta estrategia desmonta la consigna “no opinas como yo porque ves mucha televisión” de los insurrectos.


En Instagram la cosa es más complicada, pues los pendejos se acostumbraron a publicar mentiras las cuales se difunden rápidamente. Debemos desembarcar en esta red social, y generar una masa crítica capaz de enfrentar las mentiras y generar la lucha ideológica. Instagramers como El Rincón del Coto, Realismo Político, Republican Woman, entre otros, son nuestras torres en esta red social. En todas las redes sociales la estrategia es la misma: Atacar medios de izquierda, develar sus mentiras, promover nuestro discurso, levantar nuestros propios medios.


Por otra parte, es importante atacar la pata institucional del movimiento insurrecto, que son todos esos activistas que reciben subsidios o apoyos del ministerio de la cultura (ya que no hay “las culturas”), el ministerio de la mujer (“equidad de género” también es un concepto falaz), u otros consejos ministeriales que operan dentro del Estado, que subsidian abiertamente la revolución. Muy ligado a lo anterior, todos los burócratas que son serviles a la revolución deben ser expuestos y atacados, pues ellos no es que no tengan nada que perder, sino que tienen un puesto asegurado de alta remuneración con cargo a los contribuyentes, los que deben hacer malabares para sobrevivir. Generar la contradicción entre “trabajadores que viven del día a día enfrentando la violencia versus burócratas flojos que se tiran las pelotas sabiendo que el cheque les llega igual” es una contradicción que debe ser explotada al máximo, entendiendo que pueda haber nobles excepciones.


Muy importante es también atacar a todos los “artistas”, cantantes, humoristas u otros sátrapas que son aliados de la revolución. Exponer su hipocresía viviendo de lujos, lucrando de la violencia mientras ellos viven lejos de ella, condenando al resto a enfrentar saqueos mientras ellos no pierden nada. A la vez promover nuestros artistas, raperos como Narai MC, Nenuranks o los metaleros FDM, en la medida que los podamos hacer populares habremos avanzado años.


La fuerza pública debe ser respaldada, pues su actuar no tiene, en principio, nada que ver con “resguardar intereses de los poderosos” sino el hacer respetar la ley y derechos de terceros. Cada vez que un grupo de antisociales corta una calle o saquea un negocio, está pasando a llevar derechos, como el derecho de propiedad o el de libre tránsito. Con este discurso se desactiva la retórica de “El Estado nos reprime por luchar por nuestros derechos”, pues son ellos, los delincuentes, quienes pasan a llevar derechos.


Desgraciadamente, dado que el Gobierno está en jaque, pues si usa la fuerza pública fortalece la revolución, es posible que un conflicto físico sea inevitable, si bien es cierto que debemos promover la legitimación de su actuar. En el escenario de una confrontación física entre civiles, sea quien sea quien gane en términos de golpes o puños, es la revolución la que pierde. Esto pues les desmonta el discurso de “El Estado y los poderosos de siempre contra el pueblo oprimido que lucha por sus derechos”, ya que es el mismo pueblo quien se rebela contra sí mismo. Es por esta misma razón que a la Izquierda le dolió tanto la aparición espontánea de los chalecos amarillos y la masiva marcha del Rechazo, debemos tener presencia “en la calle”, para así desactivar su dominio y eliminar la retórica que alimenta su revolución.


Lo anterior aborda principalmente en lo que respecta a la forma, al menos en el corto plazo, de enfrentar la revolución, ahora hablaremos del fondo.


QUÉ DEBE HACER LA DERECHA, EL FONDO


El nihilismo y la deconstrucción calan hondo ahí donde las personas han perdido las esperanzas y han perdido su identidad. Este es el estado psicológico del militante de la revolución promedio. Alguien que no tiene nada que perder, es alguien que no tiene un país que perder, que no tiene una nación que perder, que no tiene un negocio que perder, ni tiene una vida que perder.


El nihilismo se enfrenta, en primer lugar, entregando motivos para vivir, un propósito y un sentido de la vida. Muchos revolucionarios viven el día a día, sin esperanzas con el futuro, contaminados con un discurso de Izquierda que les convence que están oprimidos y que nunca serán lo que quieran ser. Debemos entenderlos, son gente desamparada que les han inculcado odio y desesperanza. Hay que mostrarles todo lo que podrían ser, preguntarles por sus referentes en vida, sus sueños, sembrar esperanza en esas mentes vacías.


Por otra parte, lo que debemos ofrecer ideológicamente son “cosas que perder”. Una de esas cosas es Chile como concepto. No son pocos los deconstruidos con frases del tipo “que se acabe Chile”, ya que abiertamente son enemigos de nuestra identidad nacional y están “en guerra” contra nuestra patria. No debería sorprender entonces que derriben estatuas de nuestros héroes, ataquen iglesias o vandalicen nuestra historia, ellos, los revolucionarios, no tienen ni quieren historia. Debemos hacer resurgir el nacionalismo cívico, una buena forma es incentivar el sentimiento patriota que es crítico de los efectos de la inmigración, y empezar a plantearlo como una de las medidas del “movimiento social”, pues evidentemente los efectos negativos de la inmigración masiva están a la vista en el hacinamiento de las clases populares. Es obvio que los sectores progresistas nunca van a aceptar que algo así se cuele en su movimiento por “la dignidad”, por lo que, al grabar (si, grabar) su reacción intolerante generaremos la contradicción entre los globalistas y quienes defienden la Patria. Esta idea debe ser proyectada a futuro como lo han hecho los movimientos derechistas en otros países.


Otra cosa que perder, por supuesto, es el desarrollo económico alcanzado por el país. Ciertamente que para un militante revolucionario esto es lo menos importante, pero para el sector productivo, que hoy está a duras penas sobreviviendo, es importante que el país vuelva a ser lo que fue. A menudo cuando se habla de la cosa económica los izquierdistas replican que éste solo ha beneficiado a los poderosos, cuando toda la evidencia económica que existe apunta a lo contrario. Los emprendedores, comerciantes, todos quienes hoy están en la cuerda floja, deben transmitir que existe un peligro y que hay mucho que perder, fundamentalmente deben hacerlo a sus hijos y parientes. Los libertarios suelen ser expertos en cifras y datos económicos, es preciso que cumplan su rol, a la vez que denuncien el exceso de grasa estatal que se traduce en menos crecimiento económico.


La deconstrucción, se ha dicho, se alimenta de seres sin identidad, es por esto que el “Chile despertó” se ha colado en todas partes incluyendo el barrio alto, pues dado que las personas no saben lo que son, se suman a cualquier colectivo, esperando conseguir un sentido de pertenencia a algo que les entregue una identidad. En la medida que los derechistas nos juntemos entre nosotros, hagamos nuestras juntas y reuniones, generemos ese sentido de pertenencia opuesto, habremos hecho más por enfrentar a la Izquierda que decenas de elecciones de diputados o de senadores. Esto puede funcionar como bola de nieve, en la medida que seamos capaces de construir hegemonía, esto es, no solamente ser muchos, sino crear nuestras propias formas, nuestra mística, nuestras canciones, nuestras tradiciones, nuestro humor. Dejar de consumir productos de la hegemonía progresista y empezar a promover lo nuestro. Solo entonces saldremos de la espiral donde ellos dominan el discurso y podremos empezar a promover el nuestro. Un gran evento/fiesta solo de Derecha, es un objetivo fundamental no solo por esparcimiento, sino por el hito de ser algo de nosotros y para nosotros.


En este contexto la agenda de género debe ser combatida, pues promueve la des-esencialización de hombres y mujeres y les quita un atributo fundamental de su Ser, sin el cual, son entregados al activismo revolucionario. Si tú como individuo, no sabes ni de qué género eres, con mayor razón no tienes mucho que perder. Aquí los conservadores pueden aportar en su análisis con intelectuales como Agustín Laje o Jordan Peterson. Además del tema del fortalecimiento familiar, que claramente sebe promoverse.


Un aspecto fundamental es que la revolución no tiene programa, por lo que es nuestra oportunidad de ofrecer algo mejor de lo que están ofreciendo los colectivos subversivos, en un programa compacto y que sea capaz de abarcar y convocar, sin caer en lo que cae la derechita cobarde, de ofrecer lo mismo que la Izquierda institucional.


En síntesis, libertarios, nacionalistas y conservadores deben todos ver que tienen el mismo enemigo en común que amenaza con acabar con la prosperidad económica, con la soberanía e identidad nacional y con la raigambre cultural que es Chile. Un enemigo nihilista que se alimenta de seres vacíos y de las subjetividades de las personas, que tiene mil cabezas, pero que comparte el desprecio por todo lo que somos y con la mentalidad infantil de no tener nada que perder. La unión de fuerzas es hoy, más que nunca necesaria, y debe proyectarse, más allá de la campaña del Rechazo. Por el bien de Chile.

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