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Consecuencias geopolíticas del Coronavirus

Por Nicolás Palma



Para algunos quizás sea muy pronto para sacar conclusiones, sin embargo, haremos un ejercicio de maquinación política dados los acontecimientos y vamos a proyectar ciertas consecuencias de gran impacto para los países afectados por el Coronavirus principalmente los occidentales, pues es probable que nada vuelva a ser como antes, y se rompan ciertas tendencias que estaban teniendo lugar. ¿Cuáles son? Vamos a enumerarlas.


1. Despertar acerca de la amenaza China


Desde hace mucho tiempo ya que Estados Unidos tiene un nuevo competidor por la hegemonía mundial, y es China. Este competidor, cuya cara amable es que suele realizar tratados de libre comercio u ofrecer ayudas a países pobres para propagar su dominio, tiene un historial que ya de a poco se está haciendo más notorio para el pesar de los países abiertos a la globalización. Y es que no es primera vez que brotan enfermedades infecciosas altamente contagiosas de los insanos manejos alimenticios de la población de ese país. Sumado al hermetismo periodístico propio de una dictadura comunista, dejan a la economía mundial a la deriva de quienes esconden su información y no parecen tener ningún respeto por cosas elementales y básicas como los Derechos Humanos o la contaminación del medio ambiente. Los países occidentales tienen que pensar mejor su manejo de relaciones con el gigante asiático, si no quieren volver a sufrir las consecuencias. ¿Y qué pueden hacer los países más pequeños? Elegir a quién tener de aliado, tomando en consideración lo anteriormente apuntado.


2. Las fronteras no pueden ser abiertas


En medio de las drásticas medidas tomadas por Estados Unidos, Trump envió un tweet que quizás marque un precedente, rezaba: “Es por esto que necesitamos fronteras”. Sabido es que, por ejemplo, Italia que es uno de los países más afectados por el Coronavirus, tenía programas de fomento del turismo chino. Y que las amplias poblaciones migrantes son por lo general más difíciles de manejar al caer en hacinamiento, lo que propagaría pandemias como la actual de manera mucho más exponencial. Es probable entonces que los países tengan muchos más deseos políticos de controlar la entrada de visitantes, para poder prevenir de mejor forma calamidades como la actual en un futuro. Como antecedente, ya se cerraron los programas para refugiados en varios países europeos. Ligado a lo anterior, es posible que veamos programas intensamente proteccionistas como algunos países que ya han nacionalizado empresas en medio de la crisis, es de esperar que estas iniciativas no sean de tal magnitud que luego no podamos prescindir del modelo sustitutivo de importaciones, que tantos fracasos nos trajo en el siglo pasado.


3. Economía digital


Una de las principales cosas a fomentar en las próximas décadas será el teletrabajo, esta tendencia a la virtualización existía antes del Coronavirus, pero dada la emergencia presente es probable que se intensifique. Es muy grande la pérdida potencial que muchos países podrían haberse ahorrado, sin mencionar que los sistemas de seguridad en una economía digitalizada deberán tomar con mucha más precaución de gigantes imperialistas. Ya no hay espacio para largas filas en un centro de registro civil si eso puede hacerse en línea. Con esto, los desafíos serán otros como, por ejemplo, evitar que la obesidad crezca exponencialmente con personas que no tengan que salir de sus casas, pero las cosas deben darse paso a paso. Y ya que estamos hablando de esto de virtualizar podemos preguntarnos, ¿Realmente es necesario llevar a los hijos al colegio o la Universidad? ¿No podrían simplemente subirse todos los contenidos a la web y luego rendir las pruebas? Ya es hora que pensemos en acabar con la burocracia innecesaria de la educación por completo, en la medida de que la tecnología y acceso nos lo permita por supuesto.


4. Golpe al progresismo cultural occidental


Observando las cifras de contagiados y muertos, varias páginas ironizaron con el hecho que ninguna autoridad, ni celebridad, ni nadie estaba contabilizando aquellas personas “no binarias”, sino que solo hombres y mujeres. Otras, con el hecho inverosímil de que, en medio de una pandemia mundial, ciertos periodistas progresistas estuvieran más preocupados de que le llamáramos el “virus chino” por constituir “racismo” o “discriminación” contra los chinos. Esto nos lleva a concluir que cuando la situación es realmente apremiante, o hay gente realmente en riesgo, a nadie le interesan maquinaciones de gente privilegiada sin nada más en qué perder el tiempo que inventarse problemas que no existen. Algunas ideas, quizás son el resultado de décadas de bienestar capitalista, que una pandemia por fin las puso en el lugar de inutilidad que siempre debieron estar. Por otra parte, cabe recordar que quienes más riesgo de fallecer tienen durante este período son los adultos mayores, a quienes el nuevo progresista de manual detesta por no adaptarse a las categorías de sus nuevos tiempos (Véase la broma virtual “Ok Boomer”, con la cual se acosa y acalla a los ancianos o a los que defienden valores de tiempos pasados). Es algo positivo que en nuestras sociedades haya despertado algo de sensibilidad intergeneracional.


En conclusión, existen posibles ventajas que podemos sacar de esta experiencia, el tiempo en familia quizás pueda resultar provechoso para controlar los impulsos nihilistas y autodestructivos de los jóvenes chilenos, y con la posible caída de la utopía del multiculturalismo, quizás podamos frenar de mejor forma el avance de la agenda 2030 de la ONU.

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